Mostrando las entradas con la etiqueta Ranciere. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ranciere. Mostrar todas las entradas

5.5.13

Recomendamos: Notes on an 'Open' Constituent Power (Illan Wall)


Dejo el abstract y las palabras clave. Illan Wall es profesor de la Universidad de Warwick (UK) y autor del blog Critical Legal Thinking. Trabaja los temas de Derecho y Teoría Constitucional, Teoría crítica del Derecho y el discurso de los derechos humanos. Además, aborda desde el Derecho los trabajos de autores como Agamben, Ranciere, Jean Luc Nancy y Negri.

Notes on an 'Open' Constituent Power

Abstract:      

This paper examines the critical responses to the question of constituent power. Instead of providing a foundation for the constituted order, the paper looks at the various ways in which constituent power can be viewed as ‘open’ and undetermined. It looks at two issues in particular: the ‘subject’ of constituent power, and the nature of the ‘power’ involved. Surveying various critical theorists of the constituent moment, the paper concludes on the various difference within such open textured theory.


Keywords: Constituent Power, Constitutionalism, The People, The Multitude, Potentia, Virno, Laclau, Agamben, Ranciere, Negri, Dussel


26.11.12

Ten theses on Politics (J. Ranciere)


Thesis 1:

Politics is not the exercise of power. Politics ought to be defined on its own terms, as a mode of acting put into practice by a specific kind of subject and deriving from a particular form of reason. It is the political relationship that allows one to think the possibility of a political subject(ivity) [le sujet politique],3 not the other way around.

Thesis 2:

What is proper to politics is the existence of a subject defined by its participation in contrarieties. Politics is a paradoxical form of action.

Thesis 3:

Politics is a specific rupture in the logic of arche. It does not simply presuppose the rupture of the 'normal' distribution of  positions  between  the  one  who exercises  power and  the one subject to it. It also requires a rupture in the idea that there are dispositions 'proper' to such classifications.

Thesis 4:

Democracy is not a political regime. Insofar as it is a rupture in the logic of arche - that is, in the anticipation of rule in the disposition for it - democracy is the regime of politics in the form of a relationship defining a specific subject.

Thesis 5:

The 'people' that is the subject of democracy - and thus the principal subject of politics - is not the collection of members in a community, or the laboring classes of the population. It is the supplementary part, in relation to any counting of parts of the population that makes it possible to identify 'the part of those who have no-part'[le compte des incomptés]8  with the whole of the community.

Thesis 6:

If politics is the outline of a vanishing difference, with the distribution of social parts and
shares,  then  it  follows that  its  existence is  in  no  way  necessary,  but  that  it  occurs  as  a provisional accident in the history of the forms of domination. It also follows from this that political litigiousness has as its essential object the very existence of politics.

Thesis 7:

Politics is specifically opposed to the police. The police is a ‘partition of the sensible’ [le partage du sensible] whose principle is the absence of a void and of a supplement.

Thesis 8:

The principal function of politics is the configuration of its proper space. It is to disclose the world of its subjects and its operations.  The essence of politics is  the  manifestation  of dissensus, as the presence of two worlds in one.12

Thesis 9:

Inasmuch as what is proper to 'political philosophy' is to ground political action in a specific mode of being, so is it the case that 'political philosophy' effaces the litigiousness constitutive of politics. It is in its very description of the world of politics that philosophy effects this effacement. Moreover, its effectiveness is perpetuated through to the non-philosophical or anti-philosophical description of the world.

Thesis 10:

The 'end of politics' and the 'return of politics' are two complementary ways of cancelling out politics in the simple relationship between a  state  of  the  social  and  a  state  of  statist apparatuses. 'Consensus' is the vulgar name given to this cancellation.

Fragmentos de: Jacques Ranciere “Ten theses on politics’ in 5(3) [2001] Theory and Event pp 1-10.

15.11.12

Consensus



“According to the reigning idyll, consensus democracy is a reasonable agreement between individuals and social groups who have understood that knowing what is possible and negotiating between partners are a way for each party to obtain the optimal share that the objective givens of the situation allow them to hope for and which is preferable to conflict. But for parties to opt for discussion rather than a fight, they must first exist as parties who then have to choose between two ways of obtaining their share. Before becoming a preference for peace over war, consensus is a certain regime of the perceptible: the regime in which the parties are presupposed as already given, their community established and the count of their speech identical to their linguistic performance. What consensus thus presupposes is the disappearance of any gap between a party to a dispute and a part of society. It is the disappearance of the mechanisms of appearance, of the miscount and the dispute opened up by the name “people” and the vacuum of their freedom. It is in a word, the disappearance of politics.” 

J. Ranciere, Disagreement (p. 102).

27.12.11

El comunismo de la inteligencia (Bernat Tort)

El profesor de filosofía, Bernat Tort, aborda la diferencia entre inteligencia y conocimiento y nos invita a acoger la idea del "comunismo de la inteligencia" en este artículo publicado en la Revista 80grados.

80grados.net » El comunismo de la inteligencia

"¿Qué enseñamos, cómo enseñamos, pero sobre todo para qué enseñamos? Estas son las preguntas que nos invita a contestar el comunismo de la inteligencia. Estas son las contestaciones que tenemos que tener antes de poner un pie en el salón de clases. Sin ellas, nuestra tarea se reduce a la mera reproducción del saber, a la imposición jerárquica de cánones y requisitos disciplinarios. Sin ella la Universidad se reduce a una institución productora de status quo."

5.2.11

Democracia y representación (Ranciere)

Democracia, república, representación 
(Fragmento de Jacques Ranciere, El Odio a la Democracia, 2005)
LLa palabra democracia, entonces, no designa propiamente ni una forma de sociedad ni una forma de gobierno. La «sociedad democrática» nunca es más que una pintura fantástica, destinada a sostener tal o cual principio de buen gobierno. Las sociedades, hoy como ayer, están organizadas por el juego de las oligarquías. Y no hay propiamente hablando gobierno democrático. Los gobiernos se ejercen siempre de la minoría a la mayoría. El «poder del pueblo» es entonces necesariamente heterotópico a la sociedad no-igualitaria como al gobierno oligárquico. Es lo que aparta al gobierno de sí mismo, apartando a la sociedad de sí misma. Es, entonces, también, lo que separa el ejercicio del gobierno de la representación de la sociedad.

Se simplifica a menudo la cuestión reduciéndola a la oposición entre democracia directa y democracia representativa. Se puede entonces hacer jugar simplemente la diferencia temporal y la oposición de la realidad a la utopía. La democracia directa, se dice, era buena para las ciudades griegas antiguas o los cantones suizos de la Edad Media, donde la población de los hombres libres podía reunirse en un solo lugar. Para nuestras vastas naciones y para nuestras sociedades modernas sólo conviene la democracia representativa. El argumento no es tan convincente como quisiera. A principios del siglo XIX, los representantes franceses no veían dificultad alguna en reunir en la prefectura del cantón a la totalidad de los electores. Bastaba para esto que los electores fuesen poco numerosos, lo que se conseguía fácilmente reservando el derecho de elegir representantes a los mejores de la nación, es decir, a los que podían pagar una cuota de trescientos francos. «La elección directa, decía entonces Benjamin Constant, constituye el único verdadero gobierno representativo.»


Y Hannah Arendt podía todavía, en 1963, ver el verdadero poder del pueblo en la forma revolucionaria de los consejos, donde se constituía la única elite política efectiva, la elite auto-seleccionada sobre el terreno de los que se sentían felices de tratar de la cosa pública.

Dicho de otra manera, la representación no ha sido jamás un sistema inventado para paliar el crecimiento de las poblaciones. No es una forma de adaptación de la democracia a los tiempos modernos y a los vastos espacios. Es, de pleno derecho, una forma oligárquica, una representación de minorías que tienen título para ocuparse de los asuntos comunes. En la historia de la representación, son los estados, las órdenes y las posesiones que son siempre representados en primer lugar, sea porque son considerados como dando título para ejercer el poder, sea porque un poder soberano les da una voz consultiva para la ocasión. Y la elección ya no es en sí una forma democrática por la cual el pueblo hace escuchar su voz. Es, en el origen, la expresión de un consentimiento que un poder superior demanda y que verdaderamente no es tal más que si es unánime. La evidencia que asimila la democracia a la forma del gobierno representativo, resultante de la elección, es muy reciente en la historia. La representación es en su origen el opuesto exacto de la democracia. Nadie lo ignora en el tiempo de las revoluciones americana y francesa. Los Padres Fundadores y muchos de sus émulos franceses veían en esto, justamente, el medio para que la elite ejerciera de hecho, en nombre del pueblo, el poder que era obligada a reconocerle, pero que este no sabría ejercer sin arruinar el principio mismo de gobierno35. Los discípulos de Rousseau, por su parte, no lo admiten más que al precio de rechazar lo que la palabra significa, esto es, la representación de intereses particulares. La voluntad general no se divide y los diputados no representan más que a la nación en general. La «democracia representativa» puede parecer hoy un pleonasmo. Pero ya ha sido un oximorón.

Esto no quiere decir que haga falta oponer las virtudes de la democracia directa a las mediaciones y a los desvíos de la representación, o reconducir las falsas apariencias de la democracia a la efectividad de una democracia real. Es tan falso identificar democracia y representación como decir que una es la refutación de la otra. Lo que significa la democracia es precisamente esto: las formas jurídico- políticas de las constituciones y las leyes estatales no reposan jamás sobre una sola y misma lógica. Lo que se llama «democracia representativa», y que es más exacto llamar sistema parlamentar o, como Raymond Aron, «régimen constitucional pluralista», es una forma mixta: una forma constitucional del Estado, inicialmente fundada sobre el privilegio de las elites «naturales», y desviada poco a poco de su función por las luchas democráticas. La historia sangrienta de las luchas por la reforma electoral en Gran Bretaña es sin dudas el mejor testimonio, complacientemente eclipsada por el idilio de una tradición inglesa de la democracia «liberal». El sufragio universal no es para nada una consecuencia natural de la democracia. La democracia no tiene consecuencias naturales precisamente porque es la división de la «naturaleza», el lazo roto entre propiedades naturales y formas de gobierno. El sufragio universal es una forma mixta, nacida de la oligarquía, desviada por el combate democrático y perpetuamente reconquistada por la oligarquía, que propone sus candidatos, y a veces sus decisiones, a la elección del cuerpo electoral, sin poder excluir jamás el riesgo de que el cuerpo electoral se comporte como una población de tirar a la suerte.

La democracia no se identifica jamás con una forma jurídico-política. Esto no quiere decir que sea indiferente a su respecto. Quiere decir que el poder del pueblo está siempre más acá y más allá de estas formas. Más acá, porque estas formas no pueden funcionar sin referirse, en última instancia, a este poder de los incompetentes que funda y niega el poder de los competentes, a esta igualdad que es necesaria al funcionamiento mismo de la máquina no-igualitaria. Más allá, porque las formas mismas que inscriben este poder resultan constantemente reapropiadas por el juego mismo de la máquina gubernamental, en la lógica «natural» de los títulos para gobernar, que es una lógica de indistinción de lo público y lo privado. Desde que el lazo con la naturaleza está cortado, desde que los gobiernos son obligados a figurarse como instancias de lo común de la comunidad, separados de la lógica de las relaciones de autoridad inmanentes a la reproducción del cuerpo social, existe una esfera pública, que es una esfera de encuentro y de conflicto entre las dos lógicas opuestas de la policía y de la política, del gobierno natural de las competencias sociales y del gobierno de no importa quién. La práctica espontánea de todo gobierno tiende a estrechar esta esfera pública, a tornarla su asunto privado y, para esto, rechazar del lado de la vida privada las intervenciones y los lugares de intervención de los actores no-estatales.

La democracia, entonces, lejos de ser una forma de vida de los individuos consagrados a su felicidad privada, es el proceso de lucha contra esta privatización, el proceso de ensanchamiento de esta esfera. Ensanchar la esfera pública no quiere decir, como pretende el llamado discurso liberal, la injerencia creciente del Estado en la sociedad. Quiere decir luchar contra la repartición de lo público y lo privado que asegura la doble dominación de la oligarquía en el Estado y en la sociedad.

poder, espacio y ambiente's Fan Box