5.5.13
Duelo, re-invención y literatura
7.5.11
20.9.09
más de Eagleton y el 'such is life' como razonamiento político
12.9.09
Alejandra P., las palabras y el lenguaje

s visibles, que se puedan secar, que la mano deseada pueda enjugar). Este silencio de las palabras que me invaden, de las que digo y escribo, es el horror, el vértigo, el dolor en su estado más puro. ¿En dónde hallar una presencia humana que me calme? Nunca nadie lo pudo; ni amigos ni amantes. Sólo cuerpos vacíos que apenas diferencio de las cosas y sólo fantasmas que he amado hasta pulverizar mi conciencia y mi memoria.30.7.09
Hannah y el lenguaje
9.7.09
la hermenéutica y lo encubierto por el lenguaje (gadamer)
1.6.09
Lima y Wittgenstein
1. '1. El lenguaje es antes que nada algo como un cuchillo
o una soga.
1.i Aplicado a una porción de la realidad la
transforma para nuestro beneficio. La guía hacia el
sujeto.
1.ii Se hace llegar a algo para transformarlo
conforme a un deseo o necesidad.
1.iii El lenguaje antes de decir, hacía.
2. La expresión, o la situación o la particular
conformación de la materia “puede que…” es a veces
algo como el sueño o el reposo. Porque la
indiferencia es reposo y sin ella duele el movimiento.
2i. Se hizo el cuchillo de las conchas y las piedras y la
dureza de ambas. Se hizo el lenguaje de estas mismas
cosas y además del color de las conchas y la blandura
del aire y ciertos olores y de la humedad que los
abrigaba. Se hizo del deseo de permanecer que es el
sexo y la osadía y la cautela que son deseo de
permanecer.
El lenguaje mienta, miente y enmienda, pero
mentaba antes de enmendar y esto último antes de
mentar o mentir. Lo que quiere decir que llenamos
ciertos agujeros y estamos en actitud de sentir la
separación y nos duele y hay que separarse para sentir
la alegría de la separación que es promesa de futuros
encuentros. Eso es hablar.
El lenguaje es sexo. Que nadie lo olvide. Opinión
subjetiva y parcial pero correcta.
El olvido es muerte que es también reposo
porque así lo deseamos. Somos los inventores del
olvido. Recordar es sabernos, casi en el sentido cartesiano. Porque sabernos es ser. La sé (a la hembra)
cuando recuerdo su hondura húmeda y caliente y los
accidentes que me la proporcionan y las muertes en
ella.
No podemos reducir la realidad al lenguaje
porque estaríamos reduciendo el todos a una de sus
partes, y aún cuando fuera cierto que no vamos a caer
en contradicción haciéndolo, conocimiento y
consistencia no son sinónimos. Pensar en una estrella no
es tocarla.
Si la contradicción formal es anatema sea, pero
siempre ha habido equivocaciones y en el desarrollo
del pensamiento algunos cráneos rotos. Ciertos
regalos hay que desenvolverlos rompiendo la
envoltura. Todo virgo destrozado es una
contradicción formal.
La totalidad del saber humano no se reduce a
Principia Mathematica ni a Tractus Logico-
Philosophicus. Si así fuera ya nos hubiéramos atrevido
a quemar todo lo otro.
El lenguaje es camino sujeto a todas las
contingencias del desarrollo y viviendo de sus
contradicciones internas. Ser lógico es admitir que no
sabemos en que consiste, que tal vez nunca lo sepamos
pero que cada vez lo somos en mayor medida.
La lógica es un camino encontrado y otros que
nos vamos haciendo, atrechos o enmiendas a los
obstáculos reales o imaginarios.
Ser lógico es alcanzar, cubriendo camino,
creciendo en conocimiento y concordancia con todo
lo que es menos yo o que no sea yo en absoluto'.
-José María Lima, de Atrechos por el Extravío (ars) en 'Rendijas' (2001).
31.5.09
hacerle trampas a la lengua
"La "inocencia" moderna habla del poder: de un lado los que lo poseen, del otro los que no lo tienen; habíamos creído que el poder era un objeto ejemplarmente político, y ahora creemos que es también un objeto ideológico, que se infiltra hasta allí donde no se lo percibe a primera vista –en las instituciones, en las enseñanzas-, pero que en suma es siempre.
Pero, ¿y si el poder fuera plural, como los demonios?
"Mi nombre es Legión", podría decir: por doquier y en todos los rincones, jefes, aparatos, masivos o minúsculos, grupos de opresión o de presión; por doquier voces "autorizadas", que se autorizan para hacer escuchar el discurso de todo poder: el discurso de la arrogancia. Adivinamos entonces que el poder está presente en los más finos mecanismos del intercambio social: no sólo en el Estado, las clases, los grupos, sino también en las modas, las opiniones corrientes, los espectáculos, los juegos, los deportes, las informaciones, las relaciones familiares y privadas, y hasta en los accesos liberadores que tratan de impugnarlo: llamo discurso de poder a todo discurso que engendra la falta, y por ende la culpabilidad del que lo recibe.
Algunos esperan de nosotros, intelectuales, que actuemos en toda ocasión contra el Poder; pero nuestra verdadera guerra está en otra parte; está contra los poderes, no se trata de un combate fácil porque, plural en el espacio social, el poder es, simétricamente, perpetuo en el tiempo histórico: expulsado, extenuado aquí, reaparece allá; jamás perece: hecha una revolución para destruirlo, prontamente va a revivir y a rebrotar en el nuevo estado de cosas. La razón de esta resistencia y de esta ubicuidad es que el poder es el parásito de un organismo transocial, ligado a la entera historia del hombre, y no solamente a su historia política, histórica. Aquel objeto en el que se inscribe el poder desde toda la eternidad humana es el lenguaje o, para ser más precisos, su expresión obligada: la lengua.
…
[P]or su estructura misma, la lengua implica una fatal relación de alienación. Hablar, y con más razón discurrir, no es se repite demasiado a menudo comunicar sino sujetar: toda la lengua es una acción rectora generalizadora.
…
Desde que es proferida, así fuere en la más profunda intimidad del sujeto, la lengua ingresa al servicio de un poder. En ella, ineludiblemente, se dibujan dos rúbricas: la autoridad de la aserción, la gregariedad de la repetición. Por una parte, la lengua es inmediatamente asertiva: la negación, la duda, la posibilidad, la suspensión del juicio, requieren unos operadores particulares que son a su vez retomados en un juego de máscaras de lenguaje: lo que los lingüistas llaman la modalidad no es nunca más que el suplemento de la lengua, eso con lo cual, como en una súplica, trato de doblegar su implacable poder de comprobación. Por otra parte, los signos de que está hecha la lengua sólo existen en la medida en que son reconocidos, es decir, en la medida en que se repiten; el signo es seguidista, gregario. En cada signo duerme este monstruo: un estereotipo; nunca puedo hablar más que recogiendo lo se arrastra en la lengua. A partir del momento en que enuncio algo, esas dos rúbricas se reúnen en mí, soy simultáneamente amo y esclavo: no me conformo con repetir lo que se ha dicho, con alojarme confortablemente en la servidumbre de los signos: yo digo, afirmo, confirmo lo que repito.
En la lengua, pues, servilismo y poder se confunden ineluctablemente. Si se llama libertad no sólo a la capacidad de sustraerse al poder, sino también y sobre todo a la de no someter a nadie, entonces no puede haber libertad sino fuera del lenguaje. Desgraciadamente, el lenguaje humano no tiene exterior: es un a puertas cerradas.
…
Pero a nosotros, que no somos ni caballeros de la fe ni superhombres, sólo nos resta, si puedo así decirlo, hacer trampas con la lengua, hacerle trampas a la lengua. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura".
R. Barthes, Fragmento de La lección inaugural de la cátedra de semiología lingüística del College de France, del 7 de enero de 1977 (Siglo XXI, 1986)
29.5.09
capturados en la verdad de los lenguajes

"Los sistemas ideológicos son ficciones (ídolos del teatro, hubiese dicho Bacon), novelas –pero novelas clásicas provistas de intrigas y crisis, de personajes buenos y malos (lo novelesco es otra cosa: un simple corte no estructurado, una diseminación de formas: la maya). Cada ficción está sostenida por un habla social, un sociolecto con el que se identifica: la ficción es ese grado de consistencia en donde se ha cristalizado excepcionalmente y se encuentra una clase sacerdotal (oficiantes, intelectuales, artistas), para hablarlo comúnmente y difundirlo.
-R. Barthes, El placer del texto
31.12.08
Cortázar, traductor y los/las abogados/as
Decía Cortázar sobre la figura del traductor:
"Cuando uno traduce, es decir, cuando no tiene la responsabilidad del contenido del original, su problema no son las ideas del autor porque él ya las puso allí; lo que uno tiene que hacer es trasladarlas y, entonces, los valores formales y los valores rítmicos, que está sintiendo latir en el original, pasan a un primer plano. Su responsabilidad es trasladarlos, con las diferencias que haya, de un idioma al otro".
Esta cita, obtenida de la columna de Aurora Lauzardo, El escritor y su doble: Cortázar traductor, disponible en el En Rojo de esta semana en Claridad, no sólo me proveyó para ver a Cortázar desde otro rol y re-pensar la obra de traducción, sino que me llevó a situarme, una vez más, en la función de traductora. ¿Acaso no es eso lo que debemos -con sumo celo y cuidado - hacer las abogadas y los abogados?, traducir, traducir, traducir!. Sí, traducir los reclamos, las necesidades, las carencias, los escenarios de (in)justicias, al lenguaje jurídico, a la racional del Derecho; hiper-conscientes de que ese otro u otra a quien representamos es quien encarna la necesidad, la carencia, la experiencia y una la traslada, no sin antes prestar oído, escuchar los latidos en el original, trata de entender. y entonces y sólo entonces, sirve de traductora para el sistema...con la responsabilidad que acarrea servirle de traductora al original....

