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5.5.13

Duelo, re-invención y literatura

Rosa Montero presentó su libro La ridícula idea de no volver a verte, en que dialoga con los diarios de Marie Curie y los temas del duelo, el dolor, la re-invención y la literatura. Revista Ñ la entrevista y aquí dejamos el enlace y un fragmento:

-En el libro decís que Marie Curie probablemente se salvó de la aniquilación gracias a redactar las páginas de su diario. ¿La literatura es una forma de descarga?

-Yo creo que lo escribió para intentar sobrevivir, seguramente. Pero yo creo que la literatura es más que terapéutica. Quizás sí en el caso de un diario, pero escribir, como hago yo, como novelista, es más grande que eso. Es más importante para nosotros que lo terapéutico, porque no es que te cure de algo, sino que te estructura. Yo escribo desde los cinco años y me recuerdo como persona desde esa época. Es decir que, desde que me recuerdo como persona, me recuerdo escribiendo. La literatura no me cura de dolores sino que me permite vivir. Es estructurante, es básico, es esencial. Sin literatura no podría soportar la vida. 


-¿Hay alguna conexión entre el dolor y la locura?
-Algunas veces, el dolor, cuando es muy agudo, te deja sin palabras, y en eso se parece a la locura. Marie Curie se volvió loca por un momento. Pero eso te puede pasar siendo viuda o no, hay montones de pérdidas en la vida. Hay que tomarse con calma el duelo, que es muy largo. Pasan cosas divertidas en las que yo también he caído que es que cuando se te muere alguien vienen todos tus amigos, muy bien intencionados y te dicen: “Llora, llora, llora que es muy sano”. Y tú no tienes ni ganas de llorar, porque estás agotada y aturdida. Y a los tres meses, vienen los mismos y dicen: “No llores más, alegría, alegría, hay que salir de casa…”. Y tú ahí es cuando estás empezando a llorar. Es una especie de malentendido total con el entorno. Hay que confiar en uno y saber que te puedes reinventar. Y para poder superar ese dolor hay que recuperar el lenguaje, para poder expresarlo y compartirlo. Porque en la vida sabemos dos cosas: una, que nos vamos a morir; y otra, que tendremos que pasar por alguna cuota de dolor, además de toda la belleza. Y el dolor es un asco: te enseña si no te mata, pero inevitablemente vamos a tener que pasar por eso. Entonces, hay que aprender qué hacer con ese dolor para que no nos destruya, es una de las cosas más esenciales que hay que hacer en la vida. 


7.5.11

Words


WORDS from Everynone on Vimeo.

Ludwig Wittgenstein: "Society has created the word "loneliness" to express the pain of being alone. And it has created the word "solitude" to express the glory of being alone.”


gracias a L.A.

20.9.09

más de Eagleton y el 'such is life' como razonamiento político

"Así pues, si en ocasiones la ideologia es falsificadora lo es por razones en conjunto más bien esperanzadoras: el hecho de que la mayoría de las personas reaccionan vivamente al trato injusto, y de que a la mayoría de las personas les gustaría creer que viven en condiciones sociales razonablemente justas. Por ello, resulta extraño que algunos radicales afirmen que el engaño y la ocultación no desempeñan ninguna función en el discurso ideológico dominante, pues tener una perspectiva política radical le compromete a uno a la concepción de que el orden social vigente está marcado por graves injusticias. Y ninguna clase dominante interesada en conservar su credibilidad puede permitirse reconocer que estas injusticias prodrían rectificarse mediante una transformación política que las erradicase. 

Asi pues, si la ideología en ocasiones supone distorsión y mistificación, es menos por algo inherente al lenguaje ideológico que por algo inherente a la estructura social a la que pertenece el lenguaje. Hay ciertos tipos de intereses que sólo aseguran su dominio mediante la duplicidad; pero esto no significa que todos los enunciados utilizados para promover esos intereses tengan que ser engañosos. En otras palabras, la ideología no está inherentemente constituida por la distorsión, especialmente si adoptamos la noción más amplia de ideología que denota cualqueir síntesis nuclear entre discurso y poder. En una sociedad totalmente justa no habría necesidad de ideología en el sentido peyorativo, pues no habría necesidad de racionalizar nada".

-Terry Eagleton, Ideología, página 52 (Paidós, 1ra ed. col. Surcos, 2005).

12.9.09

Alejandra P., las palabras y el lenguaje


11 de mayo de 1961
Deseos de escriturarme, de hacer letra impresa de mi vida. Instantes en que tengo tantas ganas de escribir que me vuelvo impotente. Digo escribir por no decir bailar o cantar, si se pudieran hacer estas dos cosas por escrito. El lenguaje me desespera en lo que tiene de abstracto.
20 de febrero de 1963
  No puedes con el lenguaje. El lenguaje no puede por ti.

22 de febrero de 1963
  Palabras. Es todo lo que me dieron. Mi herencia. Mi condena. Pedir que la revoquen. ¿Cómo pedirlo? Con palabras.
Las palabras son mi ausencia particular. Como la famosa “muerte propia” (famosa para los demás), en mí hay una ausencia autónoma hecha lenguaje. No comprendo el lenguaje y es lo único que tengo. Lo tengo sí, pero no lo soy. Es como poseer una enfermedad o ser poseída por ella sin que se produzca ningún encuentro porque la enferma lucha por su lado –sola- con la enfermedad que hace lo mismo. Yo escribo a falta de una mano en mi mano, a falta de dos ojos frente a los míos, a falta de un cuerpo exterior a mí sobre el cual apoyarme –un minuto siquiera- y llorar. (LágrimaItalics visibles, que se puedan secar, que la mano deseada pueda enjugar). Este silencio de las palabras que me invaden, de las que digo y escribo, es el horror, el vértigo, el dolor en su estado más puro. ¿En dónde hallar una presencia humana que me calme? Nunca nadie lo pudo; ni amigos ni amantes. Sólo cuerpos vacíos que apenas diferencio de las cosas y sólo fantasmas que he amado hasta pulverizar mi conciencia y mi memoria.
23 de febrero de 1963
  No comprendo el lenguaje. Sólo me atengo al lenguaje.
A. Pizarnik, Diarios (Lumen) (dibujo de Pizarnik)

30.7.09

Hannah y el lenguaje


-para el gran amigo Lucas A., que siempre está hiperconsciente 
del vivir en el lenguaje

[8]

El lenguaje habla consigo mismo (como con un amigo); el querer se manda a sí mismo, como un señor manda al siervo; el siervo, oprimido, tiene su propia voluntad (cf. Schelling); el juicio reflexiona sobre sí mismo: me agrada, no me agrada. Sólo en la voluntad surge una disputa entre mí y mí mismo. La voluntad actualiza siempre un desgarro. Así como el pensamiento me familiariza con lo no sensible, que está dado en el mundo de la aparición, de igual manera el juicio me familiariza con el mundo de la aparición o sea, con el mundo en el que vivo. Solamente la voluntad me arroja enteramente a mí mismo como desgarramiento. Yo quiero, dice el yo como señor,; yo no quiero, dice el mismo como siervo. 

El sí mismo en el pansamiento es un amigo, en el querer es un enemigo y en el juicio es el patrón del que parto cuando me formo un juicio.

-Hannah Arendt, Cuaderno XXVII, noviembre 1969, Diarios Filosóficos

9.7.09

la hermenéutica y lo encubierto por el lenguaje (gadamer)

-"Pero en las condiciones hermenéuticas de nuestra conducta lingüística aparece aún, a un nivel más profundo, otra forma de reflexión hermenéutica que no afecta sólo a lo no dicho, sino a lo encubierto por el lenguaje. Que el lenguaje puede encubrir con el acto mismo de su ejecución es obvio en el caso especial de la mentira. El complejo entramado de las relaciones humanas en el que se produce la mentira, desde las fórmulas de cortesía oriental hasta la clara ruptura de confianza entre personas, no posee como tal un carácter primariamente semántico. El que miente bajo presión lo hace sin titubear y sin dar muestras de azoramiento; es decir, encubre también el encubrimiento de su lenguaje. Pero este carácter de mentira adquiere claramente una realidad lingüística especialmente allí donde el objetivo es evocar la realidad mediante el lenguaje; es decir, en la obra de arte lingüística. Dentro de la totalidad lingüística de un conjunto literario el modo de encubrimiento que se llama mentira posee sus propias estructuras semánticas. El lingüista moderno habla entonces de señales que delatan el encubrimiento latente en un enunciado. La mentira no es simplemente la afirmación de algo falso. Se trata de un lenguaje encubridor que sabe lo que dice. Y por eso la tarea de la exposición lingüística en el contexto literario es el descubrimiento de la mentira o, más exactamente, la comprensión del carácter falaz de la mentira en cuanto que ésta responde a la verdadera intención del hablante.

-En efecto, la acción de la hermenéutica es baldía cuando no hay entendimiento con los demás ni consigo mismo. ...Constituye una estructura fundamental de nuestro lenguaje el que seamos dirigidos por ciertos preconceptos y por una precomprensión en nuestro discurso, de suerte que esos preconceptos y esa precomprensión permanecen siempre encubiertos y se precisa una ruptura de lo que subyace en la orientación del discurso para hacer explícitos los prejuicios como tales. Esto suele generar una nueva experiencia. Esta hace insostenible el prejuicio. Pero los prejuicios profundos son más fuertes y se aseguran reivindicando el carácter de evidencia o se presentan incluso como presunta liberación de todo prejuicio y refuerzan así su vigencia. Conocemos esta figura lingüística de refuerzo de los prejuicios como repetición obstinada, propia de todo dogmatismo. Pero la conocemos también en la ciencia cuando, so pretexto de conocimiento sin presupuestos y de objetividad de la ciencia, se transfiere el método de una ciencia acreditada como la física, sin modificación metodológica, a otras áreas, como el conocimiento de la sociedad. Y sobre todo, como ocurre cada vez más en nuestro tiempo, cuando se invoca la ciencia como instancia suprema de procesos de decisión social. Eso es desconocer los intereses que se asocian al conocimiento, y esto sólo puede mostrarlo la hermenéutica.

-Podemos concebir esta reflexión hermenéutica como crítica de la ideología que pone a ésta en entredicho, es decir, que explica la presunta objetividad como expresión de la estabilidad de las relaciones de poder. La crítica de la ideología intenta explicitar y disolver con ayuda de la reflexión histórica y sociológica los prejuicios sociales imperantes, esto es, intenta deshacer el encubrimiento que preside la influencia incontrolada de tales prejuicios. Es una tarea de extrema dificultad. Porque el poner en duda lo obvio provoca siempre la resistencia de todas las evidencias prácticas. Pero aquí reside justamente la función de la teoría hermenéutica: ésta crea una disposición general capaz de bloquear la disposición especial de unos hábitos y prejuicios arraigados. La crítica de la ideología constituye una forma concreta de reflexión hermenéutica que intenta disolver críticamente un determinado género de prejuicios.

-La reflexión hermenéutica ejerce así una autocrítica de la conciencia pensante que retrotrae todas sus abstracciones, incluidos los conocimientos de las ciencias, al todo de la experiencia humana del mundo. La filosofía, que es siempre, expresamente o no, una crítica del pensamiento tradicional, es ese ejercicio hermenéutico que funde las totalidades estructurales que elabora el análisis semántico en el continuo de la traducción y la conceptuación en que existimos y desaparecemos".
-de Hans-Georg Gadamer, Semántica y hermenéutica (1968)

1.6.09

Lima y Wittgenstein

1.         '1. El lenguaje es antes que nada algo como un cuchillo

o una soga.

1.i  Aplicado a una porción de la realidad la

transforma para nuestro beneficio. La guía hacia el

sujeto.

1.ii Se hace llegar a algo para transformarlo

conforme a un deseo o necesidad.

1.iii El lenguaje antes de decir, hacía.

                2.   La expresión, o la situación o la particular

conformación de la materia “puede que…” es a veces

algo como el sueño o el reposo. Porque la

indiferencia es reposo y sin ella duele el movimiento.

2i. Se hizo el cuchillo de las conchas y las piedras y la

dureza de ambas. Se hizo el lenguaje de estas mismas

cosas y además del color de las conchas y la blandura

del aire y ciertos olores y de la humedad que los

abrigaba. Se hizo del deseo de permanecer que es el

sexo y la osadía y la cautela que son deseo de

permanecer.

El lenguaje mienta, miente y enmienda, pero

mentaba antes de enmendar y esto último antes de

mentar o mentir. Lo que quiere decir que llenamos

ciertos agujeros y estamos en actitud de sentir la

separación y nos duele y hay que separarse para sentir

la alegría de la separación que es promesa de futuros

encuentros. Eso es hablar.

      El lenguaje es sexo. Que nadie lo olvide. Opinión

subjetiva y parcial pero correcta.

      El olvido es muerte que es también reposo

porque así lo deseamos. Somos los inventores del

olvido. Recordar es sabernos, casi en el sentido cartesiano. Porque sabernos es ser. La sé (a la hembra)

cuando recuerdo su hondura húmeda y caliente y los

accidentes que me la proporcionan y las muertes en

ella.

No podemos reducir la realidad al lenguaje

porque estaríamos reduciendo el todos a una de sus

partes, y aún cuando fuera cierto que no vamos a caer

en contradicción haciéndolo, conocimiento y

consistencia no son sinónimos. Pensar en una estrella no

es tocarla.

      Si la contradicción formal es anatema sea, pero

siempre ha habido equivocaciones y en el desarrollo

del pensamiento algunos cráneos rotos. Ciertos

regalos hay que desenvolverlos rompiendo la

envoltura. Todo virgo destrozado es una

contradicción formal.

      La totalidad del saber humano no se reduce a

Principia Mathematica ni a Tractus Logico-

Philosophicus. Si así fuera ya nos hubiéramos atrevido

a quemar todo lo otro.

      El lenguaje es camino sujeto a todas las

contingencias del desarrollo y viviendo de sus

contradicciones internas. Ser lógico es admitir que no

sabemos en que consiste, que tal vez nunca lo sepamos

pero que cada vez lo somos en mayor medida.

      La lógica es un camino encontrado y otros que

nos vamos haciendo, atrechos o enmiendas a los

obstáculos reales o imaginarios.

      Ser lógico es alcanzar, cubriendo camino,

creciendo en conocimiento y concordancia con todo

lo que es menos yo o que no sea yo en absoluto'.


-José María Lima, de Atrechos por el Extravío (ars) en 'Rendijas' (2001). 

31.5.09

hacerle trampas a la lengua

"La "inocencia" moderna habla del poder: de un lado los que lo poseen, del otro los que no lo tienen; habíamos creído que el poder era un objeto ejemplarmente político, y ahora creemos que es también un objeto ideológico, que se infiltra hasta allí donde no se lo percibe a primera vista –en las instituciones, en las enseñanzas-, pero que en suma es siempre.

Pero, ¿y si el poder fuera plural, como los demonios?

"Mi nombre es Legión", podría decir: por doquier y en todos los rincones, jefes, aparatos, masivos o minúsculos, grupos de opresión o de presión; por doquier voces "autorizadas", que se autorizan para hacer escuchar el discurso de todo poder: el discurso de la arrogancia. Adivinamos entonces que el poder está presente en los más finos mecanismos del intercambio social: no sólo en el Estado, las clases, los grupos, sino también en las modas, las opiniones corrientes, los espectáculos, los juegos, los deportes, las informaciones, las relaciones familiares y privadas, y hasta en los accesos liberadores que tratan de impugnarlo: llamo discurso de poder a todo discurso que engendra la falta, y por ende la culpabilidad del que lo recibe.

Algunos esperan de nosotros, intelectuales, que actuemos en toda ocasión contra el Poder; pero nuestra verdadera guerra está en otra parte; está contra los poderes, no se trata de un combate fácil porque, plural en el espacio social, el poder es, simétricamente, perpetuo en el tiempo histórico: expulsado, extenuado aquí, reaparece allá; jamás perece: hecha una revolución para destruirlo, prontamente va a revivir y a rebrotar en el nuevo estado de cosas. La razón de esta resistencia y de esta ubicuidad es que el poder es el parásito de un organismo transocial, ligado a la entera historia del hombre, y no solamente a su historia política, histórica. Aquel objeto en el que se inscribe el poder desde toda la eternidad humana es el lenguaje o, para ser más precisos, su expresión obligada: la lengua.

[P]or su estructura misma, la lengua implica una fatal relación de alienación. Hablar, y con más razón discurrir, no es se repite demasiado a menudo comunicar sino sujetar: toda la lengua es una acción rectora generalizadora.

Desde que es proferida, así fuere en la más profunda intimidad del sujeto, la lengua ingresa al servicio de un poder. En ella, ineludiblemente, se dibujan dos rúbricas: la autoridad de la aserción, la gregariedad de la repetición. Por una parte, la lengua es inmediatamente asertiva: la negación, la duda, la posibilidad, la suspensión del juicio, requieren unos operadores particulares que son a su vez retomados en un juego de máscaras de lenguaje: lo que los lingüistas llaman la modalidad no es nunca más que el suplemento de la lengua, eso con lo cual, como en una súplica, trato de doblegar su implacable poder de comprobación. Por otra parte, los signos de que está hecha la lengua sólo existen en la medida en que son reconocidos, es decir, en la medida en que se repiten; el signo es seguidista, gregario. En cada signo duerme este monstruo: un estereotipo; nunca puedo hablar más que recogiendo lo se arrastra en la lengua. A partir del momento en que enuncio algo, esas dos rúbricas se reúnen en mí, soy simultáneamente amo y esclavo: no me conformo con repetir lo que se ha dicho, con alojarme confortablemente en la servidumbre de los signos: yo digo, afirmo, confirmo lo que repito.

En la lengua, pues, servilismo y poder se confunden ineluctablemente. Si se llama libertad no sólo a la capacidad de sustraerse al poder, sino también y sobre todo a la de no someter a nadie, entonces no puede haber libertad sino fuera del lenguaje. Desgraciadamente, el lenguaje humano no tiene exterior: es un a puertas cerradas.

Pero a nosotros, que no somos ni caballeros de la fe ni superhombres, sólo nos resta, si puedo así decirlo, hacer trampas con la lengua, hacerle trampas a la lengua. A esta fullería saludable, a esta esquiva y magnífica engañifa que permite escuchar a la lengua fuera del poder, en el esplendor de una revolución permanente del lenguaje, por mi parte yo la llamo: literatura".

R. Barthes, Fragmento de La lección inaugural de la cátedra de semiología lingüística del College de France, del 7 de enero de 1977 (Siglo XXI, 1986)

29.5.09

capturados en la verdad de los lenguajes

"Los sistemas ideológicos son ficciones (ídolos del teatro, hubiese dicho Bacon), novelas –pero novelas clásicas provistas de intrigas y crisis, de personajes buenos y malos (lo novelesco es otra cosa: un simple corte no estructurado, una diseminación de formas: la maya). Cada ficción está sostenida por un habla social, un sociolecto con el que se identifica: la ficción es ese grado de consistencia en donde se ha cristalizado excepcionalmente y se encuentra una clase sacerdotal (oficiantes, intelectuales, artistas), para hablarlo comúnmente y difundirlo.

 “…Cada pueblo posee un universo de conceptos matemáticamente repartidos, y bajo la exigencia de la verdad, comprende que desde allí en adelanta todo dios conceptual debe sólo ser buscado en su esfera? (Nietzsche): estamos todos capturados en la verdad de los lenguajes, es decir, en su regionalidad, arrastrados por la formidable rivalidad que reglamenta su vecindad. Pues cada habla (cada ficción) combate por su hegemonía y cuando obtiene el poder se extiende en lo corriente y lo cotidiano volviéndose doxa, naturaleza: es el habla pretendidamente apolítica de los hombres políticos, de los agentes del Estado, de la prensa, de la radio, de la televisión, incluso el de la conversación; pero fuera del poder, contra él, la rivalidad renace, las hablas se fraccionan, luchan entre ellas. Una despiadada tópica regula la vida del lenguaje; el lenguaje proviene siempre de algún lugar: es un topos guerrero.

No hay otro medio para que estos sistemas hablados dejen de perturbar o incomodar más que habitar alguno de ellos. Si no: ¿y yo, y yo, qué es lo que hago en todo esto?

-R. Barthes, El placer del texto

31.12.08

Cortázar, traductor y los/las abogados/as


Decía Cortázar sobre la figura del traductor:

"Cuando uno traduce, es decir, cuando no tiene la responsabilidad del contenido del original, su problema no son las ideas del autor porque él ya las puso allí; lo que uno tiene que hacer es trasladarlas y, entonces, los valores formales y los valores rítmicos, que está sintiendo latir en el original, pasan a un primer plano. Su responsabilidad es trasladarlos, con las diferencias que haya, de un idioma al otro".

Esta cita, obtenida de la columna de Aurora Lauzardo, El escritor y su doble: Cortázar traductor, disponible en el En Rojo de esta semana en Claridad, no sólo me proveyó para ver a Cortázar desde otro rol y re-pensar la obra de traducción, sino que me llevó a situarme, una vez más, en la función de traductora. ¿Acaso no es eso lo que debemos -con sumo celo y cuidado - hacer las abogadas y los abogados?, traducir, traducir, traducir!. Sí, traducir los reclamos, las necesidades, las carencias, los escenarios de (in)justicias, al lenguaje jurídico, a la racional del Derecho; hiper-conscientes de que ese otro u otra a quien representamos es quien encarna la necesidad, la carencia, la experiencia y una la traslada, no sin antes prestar oído, escuchar los latidos en el original, trata de entender. y entonces y sólo entonces, sirve de traductora para el sistema...con la responsabilidad que acarrea servirle de traductora al original....

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