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2.11.15

El panorama sombrío de la política y los partidos


Ya en otras entradas hemos reseñado y compartido algunos fragmentos que ponen a la luz las objeciones de filósofas y teóricas políticas como Simone Weil y Hannah Arendt respecto a los partidos políticos (Ver aquí), la democracia representativa y la acción ciudadana. En este fragmento del libro de Cristina Sánchez, Estar (políticamente) en el Mundo, Sánchez, refiriéndose al tema de la acción en la teoría arendtiana, explica como los consejos le sirven a Arendt para "visualizar espacios para la participación directa de los ciudadanos". Va un fragmento:

"¿Qué estructuras políticas hay que puedan preservar la participación cívica sin la presión de los partidos? ... Inmediatamente cabe preguntarse entonces por qué la acción política no se ejerce mediante la democracia representativa. ¿Qué es lo que se pierde (de cara a la acción) con la representación y los partidos y se gana con los consejos? Arendt analiza con distancia crítica la democracia representativa: la presencia de los partidos no deja espacio para la acción de la ciudadanía. Los partidos ocupan el espacio público-político y a los ciudadanos les queda el espacio de la urna. La crisis de este sistema se ha producido, en su opinión, porque se han perdido las instituciones y los espacios que permitían la participación directa de la sociedad civil, y por otro lado, por la profesionalización y burocratización de los partidos. Así pues, la política deja de ser una actividad de la vida activa de cualquier ciudadano, y se convierte en la actividad de los "expertos" profesionales. Frente a este panorama sombrío, los consejos recogen la idea del pensamiento romano de la potestas in populo, esto es, del pueblo como el lugar del que nace el poder. 

Su propuesta, por consiguiente, lejos de propugnar un abandono de la democracia representativa, señala las limitaciones del sistema representativo -las tensiones entre democracia y república- e incide en extender la posibilidad del actuar político a todos los ciudadanos. Frente a la crisis de la democracia estadounidense de los setenta, y en consonancia con las demandas políticas de una mayor participación de la ciudadanía, Arendt sugiere combatir la desafección hacia la política y la crisis de legitimación de la democracia liberal con más política, no identificando esta solo con la actuación del Estado y los partidos, sino con la participación comprometida e intensa de la ciudadanía en los asuntos públicos.". pp. 102-103.

18.6.15

Nuevo libro: Pensadoras del Siglo XX

Relativamente de nueva publicación, llega a mis manos Pensadoras del Siglo XX, Una Filosofía de Esperanza para el Siglo XXI, de Iván López Casanova (RIALP, 2013). En este se compilan ensayos sobre el pensamiento de cinco filósofas del Siglo XX que enfrentaron los vacíos y desasosiegos de ese siglo. El autor rescata su pensamiento con el objetivo de mirarnos de cara al siglo actual, pero no solo para comprender el pasado, sino para imaginar -sin vergüenza ni temor- nuevos entendidos ético-políticos, a los que parece que nuestra época ha renunciado. Se propone, en sus propias palabras, dar cuenta de "una época posmoderna no escéptica".


Las cinco pensadoras son Simone Weil, María Zambrano, Edith Stein, Hannah Arendt y Elisabeth Kubler-Ross. López Casanova detalla lo siguiente en su prólogo:

"La tesis que va a recorrer todas estas páginas se puede resumir en que la Modernidad --es decir la cultura base dominante desde el siglo XVII--, junto con sus logros innegables, encerró al [ser humano]en su subjetividad, dejándole solo y confuso en sus decisiones morales. Esto le llevó a la pérdida de referencias éticas con las que orientar su conducta y, en consecuencia, las sociedades nacidas de la Modernidad llegaron a la gran crisis de la cultura referida, en la que creció masivamente el escepticismo y con él, un paralizante relativismo moral. Pero a la vez, y durante el siglo XX, empiezan a surgir pensamientos que se abren como faros de luz --entre ellos, los de las filósofas comentadas en este estudio--que nos permiten asentar algunos puntos fundamentales para construir una época posmoderna no escéptica muy fecunda. Esta tarea necesita comprensión del pasado y reflexión sobre el futuro, y constituye la razón de este libro." (páginas 21-22).

25.5.15

Sobre la abolición de los partidos (Simone Weil)

Va un fragmento de la versión traducida al español del ensayo de Simone Weil, On the Abolition of All Political Parties (1957). La versión en inglés que tengo fue traducida por Simon Leys y le acompaña un ensayo de Czeslaw Milosz: "The importance of Simone Weil" (NYRB, 2013). Las páginas que cito en español corresponden a las páginas 16-23 de la versión de la NYRB.

"Desde el momento en que el crecimiento del partido constituye un criterio del bien, se sigue inevitablemente la existencia de una presión colectiva del partido sobre el pensamiento de los hombres. Esa presión se ejerce de hecho. Se muestra públicamente. Se confiesa, se proclama. Nos horrorizaría, de no ser porque la costumbre nos ha endurecido.

Los partidos son organismos públicos, oficialmente constituidos de manera que matan en las almas el sentido de la verdad y de la justicia.

Se ejerce la presión colectiva sobre el gran público mediante la propaganda. La finalidad confesada de la propaganda es persuadir y no comunicar luz. Hitler vio perfectamente que la propaganda es siempre un intento de someter a los espíritus. Todos los partidos hacen propaganda. El que no la hiciera desaparecería por el hecho de que los demás sí la hacen. Todos confiesan que hacen propaganda. Nadie es tan audaz en la mentira como para afirmar que se propone la educación del público, que forma el juicio del pueblo.

Los partidos hablan, cierto es, de educación de los que se les han acercado, simpatizantes, jóvenes, nuevos adherentes. Esa palabra es una mentira. Se trata de un adiestramiento para preparar la influencia mucho más severa que el partido ejerce sobre el pensamiento de sus miembros.

Supongamos que un miembro de un partido —diputado, candidato a diputado, o simplemente militante— adquiera en público el siguiente compromiso: «Cada vez que examine cualquier problema político o social, me comprometo a olvidar absolutamente el hecho de que soy miembro de tal grupo y a preocuparme exclusivamente de discernir el bien público y la justicia.» Ese lenguaje sería muy mal acogido. Los suyos, e incluso muchos otros, lo acusarían de traición. Los menos hostiles dirían: «Entonces, ¿para qué se ha afiliado a un partido?», confesando de esta manera ingenua que, cuando se entra en un partido, se renuncia a buscar únicamente el bien público y la justicia. Ese hombre sería excluido de su partido, o por lo menos perdería la investidura; seguramente no sería elegido.

...

Es imposible examinar los problemas increíblemente complejos de la vida pública estando atento a la vez, por un lado, a discernir la verdad, la justicia, el bien público, y por otro, a conservar la actitud que conviene a un miembro de tal grupo. La facultad humana de la atención no es capaz simultáneamente de las dos preocupaciones. De hecho todos se quedan con una y abandonan la otra.

...
Si un hombre hace cálculos numéricos muy complejos, sabiendo que se le azotará cada vez que obtenga como resultado un número par, su situación es muy difícil. Algo de dentro de la parte carnal del alma le empujará a dar una ayudita a los cálculos para obtener siempre un número impar. Queriendo reaccionar, se arriesgará a encontrar un número par incluso donde no hace falta. Presa de esta oscilación, su atención ya no está intacta. Si los cálculos son tan complejos que exigen por su parte la plenitud de la atención, es inevitable que se equivoque muy a menudo. De nada servirá que sea muy inteligente, muy valiente, muy celoso de la verdad.

¿Qué debe hacer? Es muy simple. Si puede escapar de las manos de esa gente, que le amenaza con el látigo, debe escapar. Si hubiera podido evitar caer en sus manos, debería haberlo evitado.

Eso mismo sucede con los partidos políticos.

Cuando hay partidos en un país, más tarde o más temprano el resultado es un estado de hecho tal que es imposible intervenir eficazmente en los asuntos públicos sin entrar en un partido y jugar el Juego. Cualquiera que se interese por lo público desea interesarse eficazmente. Por lo que quienes se inclinan por la preocupación hacia el bien público, o renuncian a pensar en ello y se orientan hacia otra cosa, o pasan por el aro de los partidos. En este caso también eso les causa preocupaciones que excluyen la del bien público.

Los partidos son un maravilloso mecanismo en virtud del cual, a lo largo de todo un país, ni un solo espíritu presta su atención al esfuerzo de discernir, en los asuntos públicos, el bien, la justicia, la verdad. El resultado es que —a excepción de un pequeño número de circunstancias fortuitas— solo se deciden y se ejecutan medidas contrarias al bien público, a la justicia, a la verdad. Si se le confiara al diablo la organización de la vida pública, no podría imaginar nada más ingenioso."...

20.2.14

'Post-Capitalismo: Simone Weil, verdad o nada'

Continúo maravillada con la figura y el pensamiento de la filósofa Simone Weil. Hace exactamente un año visité su tumba en Kent, Inglaterra, y recorrí un poco sus pasos, filosóficos y materiales. Por esos lares al menos los taxistas conocían quien era. Hay mucho que leer de esta Simone que comprometida con la justicia dedicó su vida y pensamiento al tema.

Dejo el documental 'Post-Capitalismo: Simone Weil, verdad o nada'. (Gracias a Libros Colgados por compartirlo).




22.5.13

"Every separation is a link" (Simone Weil)

The world is the closed door. It is a barrier. And at the same time it is the way through.
Two prisoners whose cells adjoin communicate with each other by knocking on the wall. The wall is the thing which separates them but it is also their means of communication. … Every separation is a link."
Simone Weil in Gravity and GraceSong: “Concrete Walls” by Fever Ray

30.3.13

Azar (Simone Weil)

Simone Weil - Azar : Ignoria: "Las teorías acerca del progreso y del «genio que siempre acaba apareciendo» provienen del hecho de que resulta insoportable imaginarse que lo más valioso del mundo esté supeditado al azar. Precisamente por ser insoportable, debe tenerse en cuenta. "

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4.4.12

Libertad, Consentimiento y Justicia (Simone Weil)

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En ocasión de la discusión sobre la "libertad" de los ciudadanos de no comer brócoli, lo que para algunos es equivalente a la misma "libertad" de no contar con seguro médico, reproduzco algunos pensamientos de la filósofa Simone Weil, sobre lo que es libertad, lo que significa consentimiento y su lugar en la concepción de justicia.

 ***
 
“Es justo no robar artículos de los escaparates. Es caritativo dar limosna. Pero el tendero puede llevarme a la cárcel. El mendigo, aún cuando su vida dependa de mi ayuda, si se la niego no me denunciará a la policía.

Muchas controversias entre la derecha y la izquierda se reducen a la oposición entre la preferencia entre el capricho individual y la preferencia por la coacción social; o, más exactamente quizá, entre el horror de la coacción social y el horror del capricho individual. Ni la caridad ni la justicia tienen nada que ver con esto.

La justicia tiene como objeto, el ejercicio terreno de la capacidad de consentimiento. Preservarla religiosamente en todos los lugares donde existe, tratar de crear las condiciones donde esté ausente: eso es amar la justicia.

La palabra “justicia”, única y tan hermosa, encierra toda la significación de las tres palabras del lema francés. La libertad es la posibilidad real de conceder un consentimiento. Los hombres no tienen necesidad de igualdad más que en relación con ella. El espíritu de fraternidad consiste en desearla para todos.

La posibilidad de consentimiento es ofrecida por una vida que contiene motivos para el consentimiento. La indigencia, las privaciones del alma y del cuerpo impiden que el consentimiento pueda operar en el secreto del corazón.

Simone Weil, “¿Estamos luchando por la justicia?” , en Escritos Esenciales ed. Eric Springsted, páginas 155-156.

28.3.12

We can be unjust through a wrong reading of justice (Simone Weil).


Simone Weil (Foto y Stencil via Lucas Arrimada)
“Justice. To be ever ready to admit that another person is something quite dierent from what we read when he is there (or when we think about him). Or rather, to read in him that he is certainly something dierent, perhaps something completely dierent, from what we read in him.

Every being cries out silently to be read dierently. We read, but also we are read by, others. Interferences in these readings. 

Forcing someone to read himself as we read him (slavery). Forcing others to read us as we read ourselves (conquest). A mechanical process. More often than not a dialogue between deaf people.

Charity and injustice can only be defined by readings, and thus no definition fits them. …

We can be unjust through the will to oend justice or through a wrong reading of justice—but the second is nearly always the case.

What love of justice is a guarantee against a bad reading?  What is the dierence between the just and the unjust if all invariably act according to the justice they read?

Joan of Arc: those who declaim about her today would nearly all have condemned her. Moreover, her judges did not condemn the saint, the virgin, etc., but the witch, the heretic, etc.

Causes of wrong reading: public opinion, the passions.”

Simone Weil, “Readings”, on Gravity and Grace  (1947).

25.2.12

Lo justo y lo posible (S. Weil)

"El examen de lo que es justo sólo se realiza cuando hay la misma necesidad por las dos partes. Donde hay uno que es fuerte y otro que es débil, lo posible es ejecutado por el primero y aceptado por el segundo" (Tucídides, V, 89).

Así hablan en Tucídides los atenienses que han ido a dar un ultimátum a la desdichada y pequeña ciudad de Melos.
...
"El Amor", dice Platón, "no sufre injusticia, ni entre los dioses ni entre los hombres. Porque cualquier cosa que se haga al Amor, no se puede hacer por la fuerza, porque la fuerza no puede adueñarse del Amor. Y cuando actúa, no actúa por la fuerza: porque todos conscienten en obedecer en todo al Amor. Allí donde hay acuerdo por consentimiento mutuo, hay justicia, dicen las leyes de la ciudad regia".


Por ello la oposición de lo justo y lo posible en las palabras citadas por Tucídides es muy clara. Cuando en los dos lados hay la misma fuerza, se buscan las condiciones para un consentimiento mutuo. Cuando uno no tiene capacidad de rechazo, no se busca un método para obtener su consentimiento. Entonces sólo se examinan las condiciones que corresponden a las necesidades objetivas; solo se busca el consentimiento de la materia".

Simone Weil, "¿Estamos luchando por la justicia?", en Escritos Escenciales.

La parte más importante

"La parte más importante de la instrucción = enseñar lo que es conocer".

Simone Weil

-La Connaissance surnaturelle, Gallimard (1950), en Simone Weil, Escritos Esenciales, ed. Eric Springsted.

15.6.11

Viviendo bajo ideas muertas (Fernando Atria)

Todo bien verdadero comporta condiciones 
contradictorias, y por consiguiente es imposible. Aquél 
que de verdad mantenga fija su atención en esa 
imposibilidad, y actúe, hará el bien. 

Simone Weil,  
La Gravedad y la Gracia (1949).

Con esta cita de Simone Weil comienza Fernando Atria su trabajo presentado en el Seminario Latinoamericano de Teoría Política y Constitucional (SELA), de este año, celebrado en Costa Rica. Se trata de un trabajo que forma parte de uno de mayor envergadura. 


El título es "Viviendo bajo ideas muertas: La ley y la voluntad del pueblo", y es uno de los mejores trabajos que he leído en muchos años y que más me ha puesto a pensar. Recomiendo su lectura enfáticamente. 

Puede encontrar el borrador aquí, así como otras ponencias presentadas en el SELA. Gracias a Fernando Atria porque con sus ideas siempre nos pone a pensar y con su rigor nos reta de maneras insospechadas.

6.2.11

El derecho no es una narrativa ‘maestra’ neutral (F. Atria y Simone Weil)

Ante el todavía insistente apego al Derecho como forma 'neutral' de atender los conflictos que enfrentamos, re-posteo un fragmento de Fernando Atria sobre la dupla Derecho y Política ("Legalismo, Política y Derechos", 2002), en la que señala la incapacidad del Derecho para atender los conflictos de una comunidad política. Para esto se vale de los planteos que Simone Weil hace sobre el particular. Dejo el extracto:

"Nótese que, habiendo aceptado el planteamiento de que la comunidad es un concepto interpretativo, tendríamos que rechazar la afirmación de que el derecho es el medio a través del cual se resuelve el desacuerdo interpretativo acerca de la comunidad. El derecho representa un juicio interpretativo: que la noción de comunidad recuperada interpretativamente es una noción que coincide con los límites nacionales, y sus miembros son ciudadanos. Pero podría haber interpretaciones en competencia: la afirmación post-interpretativa podría ser que la comunidad relevante es la que formo yo y mis compañeros trabajadores, unidos contra la explotación capitalista, o mis compañeros pro-life, unidos en la defensa de la inviolabilidad de la vida (o, desde luego, mis compañeros pro-choice, unidos contra el sometimiento de las mujeres), o mis compañeros mapuches, unidos contra el huinca

Una vez que consideramos este tipo de conflictos vemos que la política no puede estar sujeta al derecho, porque el derecho no es una narrativa ‘maestra’ neutral de la comunidad, sino sólo una más en competencia. El juicio interpretativo arraigado en el Derecho define al conflicto político como siempre comunal en el sentido de que es siempre-ya un conflicto entre ciudadanos, lo que significa que los límites y la naturaleza de la comunidad no pueden ser discutidosAl hacer esto, el derecho cumple una función ideológica, en tanto hace necesario lo que es contingente. 

Debemos resistir la estipulación del conflicto como siempre-ya comunitario porque ello impone un a priori donde debería haber una cuestión reflexiva.


‘Derecho’ es el nombre que le damos a tal estipulación".
 ...

"La idea del abogado de que los derechos no son verdaderos derechos si no son judicialmente protegidos, de que, como dijo la Corte Suprema argentina “es imposible defender la Constitución sin el poder para invalidar las leyes que se le oponen”, puede ser visto como una consecuencia de la retórica del lenguaje de los derechos: 

la noción de derechos está ligada a la noción de compartir, de intercambio, cantidad medible. Tiene un sabor comercial, esencialmente evocativo de afirmaciones y argumentos legales. Los derechos siempre son afirmados en un tono de contienda; y cuando este tono es adoptado deben estar apoyados por la fuerza, de otro modo serían motivo de burla” (Simone Weil, “An essay on human personality”, reimpreso como apéndice de McLellan, Simone Weil, Utopian Pessimist, Londres: Macmillan, 1989, p. 279). 

Para impedir que los derechos sean ‘motivo de burla’ debe ejercerse la fuerza, y en las democracias liberales esto sólo puede ser, o así parece, a través de alguna forma de imposición judicial. Pero la justicia no es reductible a los derechos: “la justicia consiste en velar por que no se haga ningún daño a los hombres, por lo que las instituciones justas deberían ser diseñadas de modo tal que las haga atentas al grito que señala injusticia, “¿por qué se me hace daño?”

Pero los derechos no son propicios para la atención: 

si le dices a alguien que tenga oídos para escuchar: ‘lo que me estás haciendo no es justo’ podrías tocar y despertar en su fuente el espíritu de atención y amor. Pero no sucede lo mismo con palabras como ‘tengo un derecho...’ o ‘no tienes derecho a...’. Éstas evocan una guerra latente y despiertan el espíritu de contienda. Ubicar la noción de derechos al centro de los conflictos sociales es inhibir cualquier posible impulso a la caridad en ambos bandos”. 

...Formular un conflicto en el lenguaje de los derechos implica, por una parte, que la posición por defecto es que el tema no es negociable, que está de alguna manera más allá de discusión

si alguien trata de intimidar a un granjero para que venda sus huevos a un precio reducido, el granjero puede decir: ‘Tengo derecho a quedarme con mis huevos si no consigo un precio lo suficientemente bueno’” (Weil, “An essay...”, cit. p. 280). 

...Cuando se aplica la retórica de los derechos a lo que en el texto principal llamo deberes básicos, ésta también distorsiona la representación de los conflictos, los despoja de su verdadero carácter; y por esto Simone Weil agrega inmediatamente

pero si una joven es prostituida en un burdel, ella no hablará de sus derechos. En semejante situación la palabra sonaría ridículamente inadecuada”. Esta es la razón fundamental por la cual “la noción de obligaciones viene antes que la de derechos, que es subordinada y relativa a la anterior” (S. WeilThe Need for Roots, Londres: Routledge, 1995; orig edn 1945, p. 3)".

8.9.09

impotencia

27 de abril 1963
S. Weil. “geómetras de la virtud”. Imposible la virtud ni la justicia en quien irrealiza el mundo y descree automáticamente de lo que ve. Ando por la calle y pasa esto: una vieja de negro que me obliga a pensar en Goya; dos viejas de negro tomando té en una confitería y llevan sombreros y paraguas (“juegan a las visitas” me digo y casi lloro recordando las sillitas y pequeñas mesas de mi habitación infantil); una muchacho negro pasea un niño rubio, el muchacho insiste en que el nene le diga “papá”; el nene termina repitiéndolo y el joven negro se manifiesta emocionado (me da miedo esta escena ¿cómo será dentro de veinte años?).
Además los perros, increíblemente flacos y miserables, guiados amorosamente por viejas que apenas caminan. ¿Qué es este estar mío? ¿A qué apunta? Creo esto: que sólo mi piedad desmesurada, mi respeto por el sufrimiento, me evitan ser una perfecta inmoral. Las caras de la gente me dan en el lugar en que se elabora la piedad; no excluyo mi cara, por supuesto, que es infinitamente triste, si mal no recuerdo (¿cuánto haces que no te miras al espejo?). Pero mi visión en la calle es la de una esthéticienne. Un viejo muro y un perro enclenque y una niñita sucia y descalza me dicen lo mismo, me hablan de la misma impotencia mía. Puedo sonreír a la niñita y al perro. ¿Y al muro? También al muro.
Alejandra Pizarnik, Diarios (Lumen)
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impotencia- (Del lat. impotentĭa).

1. f. Falta de poder para hacer algo.

2.7.09

el Derecho despoja al conflicto de su carácter (Atria 3)

Continua Atria sobre las razones para creer que la política no puede -como vimos en la primera visión (1)- sujetarse al derecho:

-"me gustaría ofrecer algunas razones para creer que la política no puede estar sujeta al derecho, porque no hay nada sobre la política.

-En su aspecto más abstracto, la idea es que la política es algo que necesita ser restringido. ¿Qué es lo que la restringe? Respuesta: los derechos fundamentales, que deben entonces ser ‘elevados’ del campo de batalla de la política del poder a un foro más alto, legal".

 Y dice Atria:

- "Decir que la política es sobre todo lo demás significa que la comunidad deja de ser valiosa cuando esos derechos (deberes) muy básicos entran al campo de batalla político. Ahora no tengo ninguna razón para aceptar el desacuerdo, y sólo razones estratégicas pueden evitar que me dedique a la desobediencia o la rebelión o la revolución. Nótese que, habiendo aceptado el planteamiento de que la comunidad es un concepto interpretativo, tendríamos que rechazar la afirmación de que el derecho es el medio a través del cual se resuelve el desacuerdo interpretativo acerca de la comunidad. El derecho representa un juicio interpretativo: que la noción de comunidad recuperada interpretativamente es una noción que coincide con los límites nacionales, y sus miembros son ciudadanos. Pero podría haber interpretaciones en competencia: la afirmación post-interpretativa podría ser que la comunidad relevante es la que formo yo y mis compañeros trabajadores, unidos contra la explotación capitalista, o mis compañeros pro-life, unidos en la defensa de la inviolabilidad de la vida (o, desde luego, mis compañeros pro-choice, unidos contra el sometimiento de las mujeres), o mis compañeros mapuches, unidos contra el huinca

-Una vez que consideramos este tipo de conflictos vemos que la política no puede estar sujeta al derecho, porque el derecho no es una narrativa ‘maestra’ neutral de la comunidad, sino sólo una más en competencia. El juicio interpretativo arraigado en el Derecho define al conflicto político como siempre comunal en el sentido de que es siempre-ya un conflicto entre ciudadanos, lo que significa que los límites y la naturaleza de la comunidad no pueden ser discutidos. Al hacer esto, el derecho cumple una función ideológica, en tanto hace necesario lo que es contingente. 

-Debemos resistir la estipulación del conflicto como siempre-ya comunitario porque ello impone un a priori donde debería haber una cuestión reflexiva.

‘Derecho’ es el nombre que le damos a tal estipulación".

 Y copio aquí esta nota al calce que resume gran parte de su crítica, la cual ilustra con los planteamientos de Simone Weil:

-"La idea del abogado de que los derechos no son verdaderos derechos si no son judicialmente protegidos, de que, como dijo la Corte Suprema argentina “es imposible defender la Constitución sin el poder para invalidar las leyes que se le oponen”, puede ser visto como una consecuencia de la retórica del lenguaje de los derechos: “la noción de derechos está ligada a la noción de compartir, de intercambio, cantidad medible. Tiene un sabor comercial, esencialmente evocativo de afirmaciones y argumentos legales. Los derechos siempre son afirmados en un tono de contienda; y cuando este tono es adoptado deben estar apoyados por la fuerza, de otro modo serían motivo de burla” (Simone Weil, “An essay on human personality”, reimpreso como apéndice de McLellan, Simone Weil, Utopian Pessimist, Londres: Macmillan, 1989, p. 279). 

-Para impedir que los derechos sean ‘motivo de burla’ debe ejercerse la fuerza, y en las democracias liberales esto sólo puede ser, o así parece, a través de alguna forma de imposición judicial. Pero la justicia no es reductible a los derechos: “la justicia consiste en velar por que no se haga ningún daño a los hombres” (id. p. 286), por lo que las instituciones justas deberían ser diseñadas de modo tal que las haga atentas al grito que señala injusticia, “¿por qué se me hace daño?” (id. p. 274). Pero los derechos no son propicios para la atención: “si le dices a alguien que tenga oídos para escuchar: ‘lo que me estás haciendo no es justo’ podrías tocar y despertar en su fuente el espíritu de atención y amor. Pero no sucede lo mismo con palabras como ‘tengo un derecho...’ o ‘no tienes derecho a...’. Éstas evocan una guerra latente y despiertan el espíritu de contienda. Ubicar la noción de derechos al centro de los conflictos sociales es inhibir cualquier posible impulso a la caridad en ambos bandos”. (id. pág 280). 

-Formular un conflicto en el lenguaje de los derechos implica, por una parte, que la posición por defecto es que el tema no es negociable, que está de alguna manera más allá de discusión: “si alguien trata de intimidar a un granjero para que venda sus huevos a un precio reducido, el granjero puede decir: ‘Tengo derecho a quedarme con mis huevos si no consigo un precio lo suficientemente bueno’” (Weil, “An essay...”, cit. p. 280). 

-Cuando se aplica la retórica de los derechos a lo que en el texto principal llamo deberes básicos, ésta también distorsiona la representación de los conflictos, los despoja de su verdadero carácter; y por esto Simone Weil agrega inmediatamente: “pero si una joven es prostituida en un burdel, ella no hablará de sus derechos. En semejante situación la palabra sonaría ridículamente inadecuada”. Esta es la razón fundamental por la cual “la noción de obligaciones viene antes que la de derechos, que es subordinada y relativa a la anterior” (Weil, The Need for Roots, Londres: Routledge, 1995; orig edn 1945, p. 3)".

 (notas y referencias, excepto las de Simone Weil, fueron suprimidas).

Salud!

30.6.09

Legalismo, política y derechos (Atria, 2002)


“Imaginemos que el diablo está comprando el alma de un desgraciado y que alguien, apiadándose de éste, interviniera y le dijera al diablo: ‘es una vergüenza que le ofrezca tan poco; la cosa vale al menos el doble”

-Simone Weil, La personne et le sacré (1950)

(Dejo por aquí esta cita de la gran Simone Weil, con la cual comienza el excelente escrito "Legalismo, Política y Derechos" de Fernando Atria (SELA, 2001; 2002), que sin duda compartiré por aquí (ahora no puedo despegarme del escrito, pero no pude resistir la tentación de colgar por aquí la cita de Simone W!. Las gracias y los saludos a Fernando Atria!) 

"Imaginemos que el diablo está comprando el alma de un desgraciado y que alguien, apiadándose de éste, interviniera y le dijera al diablo: ‘es una vergüenza que le ofrezca tan poco; la cosa vale al menos el doble"

Simone Weil, La personne et le sacré (1950).


24.5.09

las Simones



“Me intrigaba a causa de su gran fama de inteligencia y por su extraña vestimenta; deambulaba por los corredores de la Sorbona, escoltada por un grupo de ex alumnos de Alain; llevaba siempre en un bolsillo de su chaqueta un número de Libres propos y en otro un número de L’Humanité. Una gran hambre acababa de asolar a China y me habían contado que al enterarse de esta noticia se había echado a llorar: esas lágrimas forzaron mi respeto aun más que sus dones filosóficos. Yo envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero. Un día logré acercarme a ella. Ya no sé cómo se inició la conversación; declaró en tono cortante que una sola cosa contaba hoy sobre la tierra: la Revolución que daría de comer a todo el mundo. Respondí de manera no menos perentoria que el problema no era hacer la felicidad de los hombres, sino encontrar un sentido a su existencia. Me miró de hito en hito: ‘Se ve que usted nunca ha tenido hambre’, dijo. Nuestras relaciones se detuvieron ahí. Comprendí que me había catalogado: ‘Una burguesita espiritualista".
-Simone de Beauvoir, (sobre Simone Weil) -Memorias de una joven formal

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