17.8.12

"Derecho a tener derechos" o del por qué de la defensa del derecho constitucional a la fianza-Madeline Román (en 80grados)

Se pregunta Giorgio Agamben (1998) en su libro La vida desnuda, ¿será posible que haya vidas que no tengan valor jurídico alguno? Pienso que la pregunta es importante pues hay quienes ven los derechos como privilegios de las llamadas buenas personas y esas mismas personas creen que pueden quitarlo a otros  desde el entendido de que, como dice el título de uno de los libros de Michel Foucault, La sociedad debe ser defendida.

La pregunta también es importante porque, si bien la preeminencia del derecho positivo ha tenido como efecto toda una juridización de la sociedad, esto es, una tendencia a representar las relaciones jurídicas como si fuesen humanas, lo cierto es que detrás de cada debate de derechos se encuentran las vidas irremplazables de la gente y el carácter que de único, que de singular,  tienen las personas y los eventos.

Todo para comunicar que, a mi modo de ver, el debate en torno al derecho constitucional de la fianza desborda lo jurídico. Es un debate enteramente político y político en el sentido amplio de relaciones de poder en sociedad.
La pregunta que tendríamos que hacernos también es, ¿cómo es que hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo es que ciertos  imaginarios de violencia y de ley se han enraizado al punto de constituirse casi en un segundo sentido común para la gente?

Encuentro en la discusión de René Girard de su libro La violencia y lo sagrado sobre el espectáculo de la violencia sacrificial una pista importante. Plantea Girard (1979), por ejemplo, que ya en el contexto de las sociedades sacrificiales la violencia sólo puede ser pensada en términos de sacrificio. El tránsito de la violencia de toda una colectividad a la violencia del uno (esto es, a la violencia representada como violencia de un sujeto en su carácter singular) se produce a través del emerger de la figura de la víctima. La víctima  es el sustituto de todos/as los miembros de la comunidad ofrecida por la comunidad misma. El sacrificio tiene la función de proteger a la comunidad de su propia violencia. Los elementos del disenso, dispersos por toda la comunidad, son condensados en la figura de la víctima y la violencia del todo es aliviada temporeramente por el sacrificio de ésta. Producir un culpable, alguien a quién echarle la culpa, encontrar un responsable del acontecer, condensar en un sujeto la violencia de toda una colectividad, en esto consiste el proceso de conversión de la violencia del todo a la violencia del uno. Plantea Girard que hay sociedades en las que categorías completas de sujetos  son sistemáticamente reservadas para el sacrificio en aras de proteger otras categorías de sujetos. Entre la comunidad (de iguales) y estas categorías completas de sujetos hay una diferencia: la condición de  extraños o de extrangeros, una condición servil o cualquier atributo que los coloque en los márgenes de la sociedad(de iguales). La estructura compleja de la violencia tiene que ver con la invisibilización  de esa violencia de toda una colectividad y del operar, al decir de Pedro Cerruti, de “una cultura siempre sujeta al retorno de aquello que ha debido excluir para constituirse como tal y que impone la necesidad de nuevos sacrificios” (2010:280). Es ese espectáculo de la violencia sacrificial el que está implicado en la reflexión de Zygmunt Bauman al plantear:

La nuestra es una época proclive a chivos expiatorios -ya sea de los políticos que hacen de sus vidas un desastre, de los criminales salidos de la sordidez de las calles o de barrios peligrosos, o de los ‘extraños’ entre nosotros. La nuestra es una época de cerraduras patentadas, alarmas antirobo, cercas de alambre de púas, grupos vecinales de vigilancia y personal de seguridad; asimismo de prensa amarillista ‘de investigación’ a la pesca tanto de conspiraciones con las que poblar de fantasmas un espacio público ominosamente vacío como de nuevas causas capaces de generar un ‘pánico moral’ lo suficientemente feroz como para dejar escapar un chorro de miedo y de odio acumulados. (2003:44)

En este sentido, el primer paso hacia una discusión más compleja de este drama político en torno al derecho constitucional a la fianza es el reconocimiento de la violencia propia, la violencia de los buenos ciudadanos. Esto es, la violencia de aquellos que se colocan en calidad de gatekeepersde los derechos y de los derechos que debe o no disfrutar el otro.

Encuentro otra pista importante en la obra de Michel Foucault particularmente en sus reflexiones sobre la biopolítica como forma de gobernabilidad contemporánea. Para Foucault, ya al interior de esa forma de gobernabilidad denominada como biopolítica, el enemigo se representa como amenazas a la calidad de vida de las personas. Esto propicia una subjetivación en la que, algunos sectores entienden que es necesario erradicar ciertos “males sociales” como única forma de mantener eso que llaman “calidad de vida”. De ahí que, para Michel Foucault (1997), en el contexto de la biopolítica, la criminalidad se tramite racistamente. El clasismo, la xenofobia, el sexismo, la homofobia, son los rostros de esta violencia de la biopolítica en la que está puesto que unos deben ser sacrificados como manera de mantener la calidad de vida de otros. Por ejemplo, el contraste de procedencias sociales e imaginarios de vida entre el joven asesinado Stefano Cornelis Steensbakkers Betancourt, fenotípicamente blanco, hijo del comerciante Eric Steenbakkers, “un muchacho bueno, un caballero, un artista en todo el sentido de la palabra, un líder”, descrito así por amigos de su familia, maestros y compañeros deBaldwin School, joven de ascendencia holandesa, que hablaba tres idiomas, vecino de la urbanización El Prado en Guaynabo cuya meta era especializarse en Relaciones Internacionales, vis a vis la representación que se hace de  aquellos que fueron identificados como sus victimarios: Alexis Amador Huggins,  fenotípicamente negro, 21,22 ó 23  años de edad, desempleado,  técnico de refrigeración, vecino del barrio Bairoa, en Caguas, y  Jordan Ayala Cruz, “un mozalbete conocido como Menor”, “Menor” “como se conoce en el bajo mundo”, con domicilio en Las Palmas, Cataño,  no es (a mi modo de ver) el contraste entre el sujeto decente del contrato versus el sujeto criminal sino el contraste entre un sector minoritario de nuestra sociedad y un social generalizado en condiciones de precariedad material y simbólica cada vez más abismal.

Debo precisar aquí que no se trata  de pensar este drama jurídico/político desde las coordenadas simples propuestas por la distinción ricos y pobres, sino desde el reconocimiento profundo de nuestra complicidad con eso que Slavoj Zizek (2008) denomina la violencia objetiva, aquella que se encuentra en lo que se nos representa como el orden normal de las cosas. Es esta violencia objetiva, sistémica, la que imposibilita la reflexión sobre la violencia como problema político condenándonos a verla siempre como si se tratase de un problema moral. Para Zizek, lo urgente es el análisis de las imbricaciones complejas entre esa violencia objetiva y la violencia subjetiva (esto es, aquella que se atribuye al sujeto en su caracter singular). Cada vez que asumimos el problema de la violencia y de la criminalidad desde una posición de exterioridad como el problema de un otro, volvemos a activar el imaginario sacrificial por la vía del discurso de ley y orden.

El título de este foro me permite también entrar en una reflexión sobre las relaciones entre la memoria y el olvido. La larga trayectoria de debate en Puerto Rico (que usualmente olvidamos) en torno a la centralidad del derecho constitucional a la fianza se vincula justamente a la diversidad de contextos históricos en que este derecho ha querido restringirse o eliminarse siempre a partir del drama pedestre de la política partidista en Puerto Rico, de lo que sus incumbentes son capaces de hacer en aras de prevalecer y de su bancarrota intelectual a la hora de lidiar con el problema de la violencia y de la criminalidad contemporánea. Sin embargo, todos esos contextos han sido, a su vez, oportunidades para hacer pasada de balance de lo que evidentemente  sabemos: que no existe vínculo alguno entre la eliminación o la restricción del derecho constitucional a la fianza y la criminalidad; que, como tendencia, “de todas las personas que reciben fianza por cualesquiera delitos, sólo entre un 1.5% y un 2.7% violan las condiciones que se le imponen” (Colón Morales, 2012), que la fianza es un derecho constitucional que descansa en la presunción de inocencia de la persona y que, como ha sido debatido públicamente en diversidad de ocasiones,  la fianza se ha convertido en un dispositivo punitivo en manos de poder discresional de los jueces al punto de que,  “se priva de la libertad bajo fianza a un 92% de los acusados de asesinato al tiempo que se imponen fianzas promedio que son imprestables” (Colón Morales, 2012).

Es importante poner en foco aquí, lo que ha sido señalado por diversidad de constitucionalistas y criminalistas: que la eliminación o restricción del derecho constitucional a la fianza, al abonar a la presunción de culpabilidad de la persona y desde el efecto multiplicador en la constricción de derechos que esto produce, “constituye un duro golpe al derecho constitucional de igual protección de las leyes y un ataque a todas las demás salvaguardas del debido proceso de ley”1. La limitación al derecho constitucional a la fianza es también, de facto, un reforzamiento de la pena privativa de libertad como castigo privilegiado abiertamente antagónico al avance de la justicia restaurativa en el plano global sobretodo en su reconocimiento de que la cárcel como institución de encierro ha producido más problemas de los que ha podido solucionar, ampliando y ahondando el problema de la exclusión política y social. Como vemos, es evidente la pregunta forzada que se deriva de este cuadro de denuncias. Si una medida no incide de ninguna manera con su propósito expreso, qué otra cosa se puede pensar sino que la misma obedece a racionalidades políticas de otro orden. Y es este el asunto, a mi modo de ver, políticamente más preocupante. Los intentos de restricción del derecho constitucional a la fianza obedecen (a mi modo de ver) a una voluntad de exclusión y de gobierno (dentro y fuera del aparato del Estado) pues desde una cierta mentalidad de gobierno es infinitamente más fácil sacar de circulación a unos cuantos (desde imaginarios de limpieza de la sociedad) que tomar las difíciles decisiones que tendríamos que tomar de querer y, de optar, por lidiar con este problema de la violencia y de la criminalidad de maneras más cónsonas con la complejidad de los tiempos. Después de todo, es evidente que el Estado ya no tiene el monopopio de la fuerza y la violencia, el narcotráfico se la disputa todos los días y de maneras contundentes, pero es evidente también que la limitación al derecho a la fianza no toca por ningún lado ese poder paralelo al poder que es el narcotráfico.

A otro nivel, es importante tener en cuenta aquí el que, como tendencia, la notoriedad mediática que se le atribuye a ciertos asesinatos-mayormente aquellos que envuelven víctimas de los sectores medios y/o acomodados tiende a acompañarse tanto de un trámite racista del problema de la violencia y de la criminalidad como de tendencias a la ampliación del lado punitivo y represivo del Estado: las distintas marchas en contra de la violencia y el  despliegue mediático de los  asesinatos de Natalio (Talito) Bayonet Tartak, hijo del Dr. Bayonet Tartak en el 1987, el de Nicole Muñíz, hija de Nestor Muñíz, empresario en San Juan en el 2003 y, ahora, el de Stefano Steensbakkers el pasado mes de junio constituyen expresión de esta tendencia vis a vis la naturalidad con la que se asumen los cientos y cientos de víctimas que cobran la virulencia contra el otro y esa guerra, en el sentido literal de la palabra, que es el narcotráfico.

¿Por qué no considerar también que la gobernabilidad moderna descansa en lo que Zymunt Bauman (2004) denomina la “producción oficial del miedo” (entendido como la capitalización y el desplazamiento de los imaginarios de incertitumbre y vulnerabilidad propiamente humanos al ámbito del problema de la seguridad pública) y en una mobilización constante de estos sentimientos en el espacio mediático?  El miedo es el efecto más productivo del poder y, éste es, paradojalmente, el único espacio en el que los Estados contemporáneos ejercen un cierto tipo de soberanía. Es decir, soberanía en el sentido de representar como legítimo el disponer de aquellos sectores poblacionales (las poblaciones sobrantes, los indeseables, los “desechos de la fábrica del orden”) simbólica y materialmente  excluídos de toda comunidad política.

Me permito traer a la considerción de ustedes otra observación importante. Como tendencia, cada vez que se propone enmendar la Constitución en Puerto Rico la enmienda en sí misma tramita toda una involución jurídica. Casi siempre es para recortar derechos históricamente conquistados en el terreno de diversidad de luchas. En este sentido, el proyecto dirigido a enmendar la Constitución tramita una respuesta conservadora y, a su vez, la respuesta del lado de sus opositores, en la necesaria defensa de los derechos adquiridos, lo que se produce es una defensa de la Constitución como documento congelado, marcado indeleblemente por lo establecido por los llamados founding fathers (todos padres, nunca madres). Este tratamiento de la Constitución en Puerto Rico  contrasta significativamente con el constitucionalismo europeo, significante éste que nos permite caer en cuenta cómo, en este otro contexto, la Constitución aparece como  un documento vivo sujeto a discusión permanente desde el horizonte de una democracia cada vez más inclusiva cuya concresión se expresa a través de una ampliación constante de los derechos, incrementando de esta manera, como plantea Fernando Savater (2003), las libertades efectivas de aquellos sectores que todavía los disfrutan sólo de forma minusválida.

Es en este punto donde la obra de la filosofa política Hannah Arendt y paticularmente su frase the right to have rights /el derecho a tener derechos, para algunos la frase menos comprendida del pensamiento de Arendt (Birmingham,2006),  termina siendo central. ¿Qué intenta comunicar Hannah Arendt con esa frase “derecho a tener derechos” y por qué, a mi modo de ver, es esa la reflexión más importante a la que remite el presente debate sobre el derecho constitucional a la fianza? Su relevancia estriba en que nos permite reconocer que lo que está en juego en este debate es el principio de la humanidad misma, pues, para Hannah Arendt, la idea de humanidad (liberada ya de toda metafísica y de todo sentimentalismo) implica nuestra obligación de asumir responsabilidad por todos los crímenes cometidos por todas las personas. Y esta responsabilidad remite al reconocimiento doble y simultáneo de la capacidad humana de hacer el mal, esto es, del reconocimiento de nuestra capacidad de destrucción, así como del reconocimiento de un contexto contemporáneo en el que la presencia de cientos de miles de personas sin medios de subsistencia, sin vivienda, sin Estado, económica y/o socialmente redundantes, sin cobijo jurídico alguno, tiene que movernos a conceder a que el derecho de cada sujeto de pertenecer a la humanidad tiene que ser garantizado por la humanidad misma y no por los poderes soberanos (Birmingham, 2006).

El problema es que los Estados modernos y el mundo del derecho positivo han equiparado los derechos con los derechos de los ciudadanos excluyendo- ahora- no sólo al amplio mundo de los no ciudadanos sino también a aquellos simbólicamente expulsados de la ciudadanía (desde el rechazo de lo que se entiende es su diferencia). Como sabemos, están los que se han escandalizado porque los confinados del país voten también en el referendum en torno a la enmienda constitucional al derecho a la fianza. Esos que se escandalizan son justamente aquellos que no han comprendido el señalamiento profundo de Michel Foucault en su libro Vigilar y castigar en torno a que, no es que el crimen nos vuelva ajenos a la sociedad, sino que vivimos en sociedad como si fuésemos extraños. La formulación moderna de los derechos ató los derechos al poder de la soberanía y de lo que se trata es de que los derechos no pueden estar atados al Estado ni tampoco a esa pretendida soberanía (del pueblo) colectiva y racista sobre la que descansa el Estado mismo, pues es precisamente la diversidad de rostros que asume el racismo, el obstáculo mayor a la posibilidad de una humanidad en común y al reconocimiento de nuestra común implicación en los difíciles problemas vinculados a la violencia y a la criminalidad contemporánea.

El sujeto de derecho no conforma una naturaleza fija -mucho menos buena- los derechos no son privilegios de los llamados buenos ciudadanos sino que están marcados por la incertidumbre y la impredictibilidad humana. La singularidad de cada sujeto es justamente a lo que apunta nuestra condición humana y no hay que olvidar el señalamiento de Hannah Arendt en torno a que el primer paso en aras de constituir una población en superflua (esto es sin valor jurídico alguno) es quitarles sus derechos. Para Arendt, de ahí a los campos (de concentración) hay un solo paso. La ley tiene que hacerse acompañar de la legitimidad de la ley misma. Y es, al decir de Peg Birminghan (2006), el derecho a la insurrección, esto es el derecho a cuestionar la legitimidad de la ley, lo constitutivo de un sistema democrático.  Es en nombre del derecho a tener derechos –es decir en nombre de “la capacidad de actuar juntos y comenzar algo nuevo” (Birmingham, 2006) que decimos NO a la enmienda constitucional al derecho a la fianza.

Referencias
Agamben, G. (1998). Homo Sacer: Sovering Power and Bare Life. California:Standford Univesity Press
Bauman. Z. (2004). Wasted Lives:Modernity and Its Outcasts.Cambridge:Polity Press
Birmingham, P. 2006. Hannah Arendt and Human Rights. Indiana: Indiana University Press
Cerruti, Pedro (2010). El sacrificio como matriz jurídico-política: Crítica del fundamento biopolítico de la comunidad. Revista Pléyade. Núm. 5
Colón- Morales, R. (2012).  El acosado y vilipendiado derecho a la finanza.80grados, 1ro junio.
Foucault,  M. (1997). Society Must Be Defended. New York:Picador.
Foucault, M. (1983). Vigilar y castigar. México:Siglo Veintiuno, editores.
Girard, R. (1979). Violence and the Sacred. Baltimore:The John Hopkins University
Zizek, S. (2008). Violence. New York: Picador.
Texto de la ponencia presentada en el Foro Criminalización del derecho a la fianza: Memoria, Criminalidad y Política. Escuela de Derecho, Universidad Interamericana de Puerto Rico. 15 de mayo del 201
1.    Planteamiento de la abogada de Asistencia Legal, Verónica Vélez en el Programa Pesquisa Boricua, Bonita Radio. San Juan, Puerto Rico Recuperado de http://bonitaradio.net/audios-y-videos-2/ []

9.8.12

Sword and Scales: Law and Politics

“Politics is an essential aspect of public activity and if it is unable to perform its vital task of managing basic conflicts effectively, then virtues of civility on which a stable social order rests are likely to be undermined. The liberal-legalist order, so the argument goes, will be founded on self-interested, rights-bearing, adversarial individuals and this will not be sustainable. This type of social order is likely to aggravate precisely those points of tension in society which any vibrant political process should aim at alleviating. The ultimate danger is that liberal-legalism may, paradoxically, bring about the precise end –despotism—which it is designed to avoid”.


-Martin Loughlin, Sword & Scales: Law and Politics (commenting on Gray’s concern about the replacement of politics by law); page 5.

8.8.12

On writing and solitude. In London.


Foto de Roberto Gargarella.
Una nueva etapa. Espacio e imaginario distinto. Una nueva ruta de disciplina para el quehacer. Al comienzo de este nuevo transcurrir, me propongo que mis lecturas de sosiego sean aquellas huellas que dejaron escritoras y escritores sobre el acto de escribir, sobre cómo organizaron su tiempo y espacio alrededor de esta actividad. ¿Qué tienen que decirnos aquellos y aquellas cuya pasión, soledad y disciplina nos regalaron las letras que tiempo después, hoy, llenan nuestras almas? Voy a su encuentro. En varias entradas en el blog estaré compartiendo algunos de los más atesorados fragmentos que iré encontrando o que me encontrarán a mí. Aquí el primero, de Marguerite Duras.

“It is in a house that one is alone. Not outside it, but inside. Outside in the garden, there are birds and cats. And also, once, a squirrel, and a ferret. One isn’t alone in a garden. But inside the house, one is so alone that one can lose one’s bearings. Only now do I realize I’ve been  here for ten years. Alone. To write books that have let me know, and others now, that I was the writer I am. How did that happen? And how can one Express it? What I can say is that the kind of solitude found in Neauphle was created by me. For me. An that only in this house am I alone. To write. To write, not as I had up until then, but to write books still unknown to me and not yet decide on by anyone.

The person who writes books must always be enveloped by a separation from others. That is the kind of solitude. It is the solitude of the author, of writing. To begin with, one must ask oneself what the silence surrounding one is –with practically every step one takes in a house, at every moment of the day, in every kind of Light from outside or from lamps lit in daytime. This real, corporeal solitude becomes the inviolable silence of writing.”

-Marguerite Duras, Writing (1993, translated by Mark Polizzotti).

2.8.12

MediaWatch / Periodistas sin fronteras (Félix Jiménez)

MediaWatch / Periodistas sin fronteras / Félix Jiménez/ 

Fue doloroso decirle adiós brevemente anoche a los siete canales de Direct TV que transmiten los Juegos Olímpicos y apostar por unos momentos al Junte Constitucional de Univision. Los candidatos no importaban - nunca importan. En los días en que se debate la prensa y sus misterios y sus abogados/analistas y sus muñecas y sus titiriteros y sus supuestas estrellas, era el performance de los periodistas involucrados lo que importaba, y su fracaso total en ese Junte evidencia todo lo que está mal en el periodismo piuertorriqueño, que es casi todo.

No hay estructuras, no hay secuencias, no hay producción, no hay inventiva, no hay astucia. Sólo una dosis de agresión y mal utilizada "voz de autoridad imparcial" que pretende llenar el vacío de las mentes que la utilizan.

Errores, muchos: Caras largas,  actitudes indeseables. Cyd Marie Fleming errando en fechas y nombres (19 de septiembre en vez de 19 de agosto; llamar "gobernador" a Alejandro García Padilla). Rubén Sánchez, quien se ha querido vender como un Instagram intellectual recientemente, analizando  - ja ja ja - la "competencia", preguntando si fue la corbata naranja de Rogelio Figueroa la que le logró mejores calificaciones en la encuesta relámpago que se llevó a cabo (de nuevo: tratar a los habitantes de un país como jueces de gimnasia Olímpica, otro Instagram moment). Felipe Gómez tuteando a sus entrevistados, con esa familiaridad entre periodistas y políticos que se cuela por la pantalla  sin querer queriendo y que causa hastío y perocupación. Mariliana Torres lamando a Juan Dalmau por el nombre del primo, José Luis Dalmau, y seguir como si nada.

Eso, fue una nada. La producción de escuela superior y la utilización de las víctimas de la violencia que estaban sentadas allí al frente, más para ser enfocados por las cámaras y presentadas como almas en pena, pero sin que sus voces fieran escuchadas como se supone que fueran. Y la arrogancia de los periodistas de creerse que son a la vez, en el mismo segundo, todo lo posible: periodistas y analistas y narradores de un combate boxistico que no existió, salvo en sus imaginaciones. Querer abarcar, esa es la consigna que se imponen. Pero no pueden. Son "periodistas sin fronteras" que se tropiezan con todos los marcos de las puertas que desean abrir para sostener y avanzar sus carreras y que - por sentencia de un país que ya está sentenciado - se evocan y se ven y se escuchan diariamente como si fueran Dioses o Musas de una antigua civilización intelectualmente apta para dirigir al "pueblo" al que realmente no sienten que pertenecen, aunque lo nieguen. Después de esto - y antes, también - por favor, que a nadie se le ocurra criticar a otros porque prefieran su dosis de Comay o Candela a las 6 de la tarde.

24.7.12

Conferencia: Complexities of Violence : Between Sacrificial and Emancipatory Politics

El Instituto de Investigación Violencia y Complejidad, y el Departamento de Sociología de la UPRRP invitan a la conferencia: 
Dra. Peg Birmingham: “Complexities of Violence : Between Sacrificial and Emancipatory Politics”.

30.6.12

Participación ciudadana en la reglamentación administrativa (William Vázquez Irizarry)

Comparto el artículo del colega y amigo Prof. William Vázquez Irizarry, en la Revista de Gestión Pública. El artículo se titula “Participación Ciudadana en la Reglamentación Administrativa en Estados Unidos y Puerto Rico: Premisas y Nuevos Paradigmas”.
Excelente contribución sobre este importante tema. Felicitaciones a William por la publicación.

29.6.12

"El acto de reflexión es un acto de liberación" (Humberto Maturana)

Comparto esta excelente entrevista a Humberto Maturana en la que entre otras cosas habla sobre lo que él llama "la tentación de la certidumbre". En la entrevista, Maturana explica la diferencia entre saber y conocer y los riesgos e implicaciones del "saber". Aludir a que "se sabe" o se posee un "saber", dice, implica certidumbre y la certidumbre niega la reflexión: "en tanto sabes, no reflexionas".

Más adelante, nos dice Maturana:

"Si tú te preguntas sobre los fundamentos de tu hacer, por supuesto que cambias el hacer, entonces, no puedes reflexionar. El acto de reflexión, de preguntarse qué fundamentos tengo para pensar(lo) (mi hacer), es un acto de liberación."

"¿Cómo sé yo lo que digo que sé?. ¿Qué es lo que lo valida? ¿Cuál es el criterio de validación?"....

Seguimos. (Gracias a Libros Colgados por la entrevista).

columna: La pregunta equivocada (Érika Fontánez Torres)

Comparto mi columna de hoy en:
La pregunta equivocada - El Nuevo Día

29 de junio de 2012

La pregunta equivocada

ÉRIKA FONTÁNEZ TORRES
Apunta Slavoj Zizek, famoso filósofo contemporáneo que “no sólo hay respuestas equivocadas, sino que también hay preguntas equivocadas”. Y es que para problemas complejos no sólo hay que analizar las alternativas, sino que también hay que fijarse en cómo definimos el problema. Los problemas que enfrenta el país son caricaturizados por los políticos y candidatos a la gobernación a su conveniencia, con el resultado perverso de nunca llegar a la discusión y adopción de las políticas públicas que necesitamos.

Éste es el caso del referéndum que propone socavar nuestro derecho a la fianza. Los candidatos principales, faltos de ideas, llanos en sus propuestas, fracasados en sus quehaceres, nos piden sin más que aceptemos renunciar a un derecho que tiene en sus entrañas el “todos somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario”. La pregunta será: ¿favorece la enmienda a la Constitución de Puerto Rico sobre la fianza? Habría que preguntarse si es esa la pregunta que necesitamos contestar y cuáles otras quedan opacadas.

A esta altura podemos afirmar que el derecho a la fianza no tiene implicaciones sobre los niveles de criminalidad y violencia que vivimos. Entonces, ¿por qué los candidatos a la gobernación que apoyan esa enmienda concentran ahí el problema? ¿Por qué nos piden que renunciemos a la garantía de que no se nos encarcele antes del juicio sin derecho a la fianza? Y esto precisamente en un estado de corrupción en la fuerza policial, sin unidades de investigación eficaces ni confiables y sin propuestas serias sobre cómo atajar la violencia y el narcotráfico que nos acecha. Se trata pues de una pregunta falaz, chantajista y prejuiciada contra gran parte de la población.

Peor, se trata de una forma de evitar dar cuenta del descalabro y de explicitar -en año eleccionario- propuestas para atender los problemas de raíz: la desigualdad y la criminalidad, la violencia entendida ampliamente, la desigualdad en el acceso y calidad de la educación, el desempleo, un sistema de justicia criminal pésimo bajo la premisa fallida de “mano dura”, la corrupción de los políticos y de la Policía, y el egoísmo burdo de individuos y familias que se benefician a costa de la miseria y bancarrota del país.

Luego de décadas con la misma receta ante el alza en la criminalidad y el tráfico de drogas, seguimos con el mismo tratamiento fallido, vivimos un deterioro vertiginoso en nuestra calidad de vida y aumenta la criminalización y discriminación de los mismos sectores sociales. Se echan a pérdida generaciones de jóvenes que cuentan con pocas opciones de vida, mientras se le da un tratamiento privilegiado a quienes tienen suficiente poder.

En ciudades con altísimos niveles de violencia en el pasado, como en Medellín, han atendido exitosamente el tema mediante políticas innovadoras reconocidas internacionalmente: participación ciudadana, políticas educativas incisivas, presupuestos participativos, entre otras. En eventos traumáticos como el año pasado en Noruega, el primer ministro reaccionó al asesinato de 77 jóvenes afirmando que ante esa atrocidad la respuesta sería aún más democracia y mayor participación, no menos derechos o estados de excepción. Hay ejemplos que demuestran que hay otras formas de hacer las cosas.

El diseño constitucional debe atender la vulnerabilidad de los ciudadanos frente al Estado, debe ser un contrato político que salvaguarde a los más débiles, pensando en que todos podemos ser víctimas de la violencia estatal. Es en la crisis cuando más celosos debemos ser con nuestros derechos y más reflexivos antes de renunciarlos. En el colapso, sólo nos queda el derecho a tener derechos. Un gobierno fallido es precisamente ese del cual deberíamos protegernos y tener la más aguda sospecha.

A los políticos, devolvámosle su pregunta. A la pregunta de si le daremos a un gobierno en ruinas -o a un partido opositor igualmente fracasado y falto de propuestas- otra carta en blanco que incide sobre nuestra libertad y presunción de inocencia, respondamos “no”. Que no nos subestimen, que contesten ellos las preguntas.

24.6.12

¿Quienes son "los criminales"? ¿Dónde está "lo criminal"?

Proponer una enmienda constitucional que limita el derecho a la fianza requiere, como mínimo, una conversación pública en la que se ofrezcan detalles sobre cómo la imposición de la fianza es un óbice para la seguridad de los y las ciudadanas, cómo ésta incide en la comisión y reincidencia de delitos y más generalmente, cómo este derecho implica un alza o un escollo para atender el problema de la criminalidad. 

Mucho de esto ha sido discutido por la Sociedad para la Asistencia Legal, entidad que ofrece representación legal a quienes no cuentan con los medios para estar representados por abogados o abogadas en los procesos criminales que enfrentan. Los datos que ofrece la SAL son inequívocos y afirman que en efecto, el derecho a la fianza no está de ninguna manera relacionado ni a la reincidencia de delitos, ni a la no presentación a juicio de aquel o aquella que fue citado bajo fianza, o al alza en la criminalidad.

Pero además de esto, es importante retomar una discusión más amplia: aquella sobre el fenómeno de la criminalidad, la construcción del sujeto criminal, ese que delinque, que está sujeto al encierro y algunos y algunas inarticuladamente catalogan como residuos o excedentes de una sociedad que bien pudiera prescindir de ellos. Hago referencia a una entrada anterior en la que problematizaba ese binomio ellos/nosotros, presente en esta discusión sobre la fianza aunque de maneras conspicuas. 

Retomo la pregunta: ¿Quienes son los y las sujetos criminales en el Puerto Rico de hoy? ¿Cómo y por qué estos sujetos delinquen? ¿Cuál es el imaginario del criminal, de lo criminal, que activan quienes una vez más proponen como remedio la limitación del derecho a la fianza?

Como mínimo, habría que retomar aquel análisis que en diferentes momentos hizo la profesora Madeline Román sobre "lo criminal", la criminalidad y el Estado en Puerto Rico. Dos referencias son obligadas en este deja vu de la fianza: Lo criminal y otros relatos de ingobernabilidad (1998) y Estado y Criminalidad (1993). Entre otras cosas, Román nos lanzaba preguntas como:

          "¿Qué tal si lo criminal es ese significante a través del cual se administran los desechos contemporáneos, "el control racional de los residuos", los desperdicios de la "fábrica del orden"?.*  *Como cuando, en el contexto de las ejecuciones y los asesinatos vinculados al narcotráfico y consumo de drogas, algunos señalan "déjenlos que se maten entre ellos mismos". Subjetividad que se expresa en la indiferencia de (la) Policía de Puerto Rico a la hora de investigar aquellos casos de muertes entre sectores que se presumen "son parte del problema" del narcotráfico y de manera general, en las formas en que el sistema de justicia criminal parecería ser la única instancia a ocuparse de las poblaciones excedentes contemporáneas."

(En Lo criminal y otros relatos....página 11 y nota 31. Citas omitidas).

¿Quienes son esos y esas que constituyen "lo criminal" ante lo cual se nos invita a reaccionar? ¿Son acaso los excedentes de una sociedad que se hace cada vez más ingobernable, incontrolable y autoexcluyente desde sus propias entrañas? ¿Acaso esos y esas, ellos, son aquellos para los que los y las gobernantes y candidatos principales no tienen propuestas educativas, de empleo, de inclusión social, esos y esas que los gobernantes y candidatos principales echaron a pérdida y para los cuáles no habría que pensar la Constitución, según la lógica de una columna reciente?.

Para hablar de la fianza y antes de renunciar derechos, es imperativo echarle un vistazo a la población y demografía en las cárceles del país, la sentenciada y la sumariada. ¿Cuál es su perfil? ¿Qué tienen en común? ¿Cuáles son sus historias de vida? ¿Con qué contaron y con qué cuentan?. Estoy segura que hay muchas personas y expertos/as que pueden aportar a esta discusión. Por lo pronto, me aventuré a buscar estadísticas en la Internet e Informes de las agencias correccionales. Lo que encontré es muy poco consistente, muchas veces está incompleto y casi nunca analizado. 

Dejo por aquí unos datos de la población penal a julio de 2008 que arroja luz sobre asuntos como el género, nivel educativo, el porciento de desempleo al momento de delinquir, el nivel de ingreso formal y la reincidencia. Además, los tipos de delitos de mayor frecuencia. Con este cuadro habría que hacer algunos vínculos y propiciar una buena discusión, unir los puntos y armar el rompecabezas. No hay que ser muy empírico para atisbar algunas conclusiones.

Siguen los datos que seleccioné y habría que encontrar los más recientes. Entonces, ¿Qué hacemos con estas "verdades"? ¿Nos sirven para tener alguna discusión sobre propuestas en este año eleccionario?

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  Perfil de la Población Correccional Total Sentenciada al 30 de junio (Anual; 2008) Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR), Oficina de Desarrollo Programático
 
-Datos de un total de 10,550 (A mayo de 2012 son 13,640) confinados sentenciados. La información se logró de la base de datos de la Agencia, denominada Control de Población y corresponde a la población activa dentro de las instituciones correccionales al 1ro de julio de 2008.  El trabajo contiene un análisis estadístico descriptivo de aspectos, tales como: delito, sentencia, fianza, institución correccional, género, veces de reincidencia, edad, grado escolar, alfabetismo, ocupación, características sociales, entre otros.

-Género: El 97.38% de los confinados estudiados pertenecen al género masculino y un 2.62% corresponde al femenino.


-Edad: La población correccional total sentenciada, al 1 de julio de 2008, contaba con una mediana de edad de 32 años. Entre las edades de 16 a 19 años había 30 casos, lo que representa un .28% del total de convictos que informaron. El 11.69% (1,232) de los confinados se ubicaban en el intervalo de 20 a 24 años, mientras que un 25.55% estaba entre los 25 a 29 años de edad. Un total de 6,582 (62.46%) casos se hallaban en la categoría de 30 años o más.


En lo que respecta a las confinadas sentenciadas, de las 277 observadas, 27 (9.74%) casos se encontraban en el grupo de edad de 20 a 24 años. En la categoría de 25 a 29 años había 71 casos para un 25.63%. El subconjunto de 30 a 34, sumó 59 (21.29%) y un total de 120 tenían 35 años o más, lo que representa un 43.32% de las confinadas incluidas en el informe.
-Ingreso Económico: Los confinados que reportaron que no recibían ingreso anual agrupan el 86.83% (8,883) del total de 10,231 casos que informaron. En cuanto a la población femenina, el 97.06% (265) indicó que no recibía ingresos.

-Adicción A Drogas: El total de casos que manifestó tener problemas con el consumo de sustancia controladas alcanzó los 3,975 (53.88%). Estos se distribuyen como sigue: 67.72% usuario, 17.63% abusador y 14.64% dependiente. El 30.07% de los confinados no proveyó datos sobre este aspecto.


-Educación y grado escolar: La mediana de grado escolar para la población correccional sentenciada, al 1ro. de julio de 2008, fue de 10mo. grado.  

-El 11.93% de 8,826 confinados que informaron, había completado entre el 1ro. y 6to. grado de escuela elemental, el 30.78% finalizó entre el 7mo. y 9no. grado y el 48.67% concluyó entre el 10mo. y 12mo. grado.  Un 6.13% alcanzó un grado asociado o créditos universitarios. Otro 1.08% (95) ostenta el grado de bachillerato, maestría o doctorado y .74% cursos vocacionales u otros. Hubo además, 59 (.67%) convictos que no habían logrado ningún grado escolar. 

Con una educación de entre 7mo. y 9no. grado se hallaba el 58.62% (17) de los casos con edades de 19 a 20 años que informaron. Solamente el 26.21% de los 1,126 confinados cuyas edades fluctúan entre 20 y 24 años había completado 12mo. grado o más. (Tabla 4) De los 2,305 que se ubicaban en el intervalo de edad de 25-29 años, el 69.89% había obtenido el entre 10mo. y 12mo. grado. Con 12mo. grado o más finalizado se encontraba el 46.83% de los 5,353 casos mayores 29 años.


-Grado escolar y género: La mediana de grado escolar para los 8,575 casos del sector masculino en la población sentenciada se ubicó en el 11mo. grado. En cuanto a la población femenina, ésta alcanzó el 10mo. grado, lo que representa un grado por debajo de los varones. (Tabla 5, Gráfica 5)


-Status de empleo: De los 10,550 confinados sentenciados, el 15.92% tenía empleo al momento de cometer los hechos y el 84.08% estaba desempleado. El 93.60% de los 8,870 desempleados no indicó la profesión u oficio que poseía. (Tabla 6, Gráfica 6)


La categorías ocupacionales que congregaron el mayor número de personas empleadas fueron la de construcción, con 504 (31.25%); empleados de servicio, con 240 (14.88%); mecánico, con 120 (7.44%) y barbero con 63 (3.91%).


-Delitos


a. Delitos contra la Vida 17.16 %


b. Delitos contra la Propiedad 31.47 %


c. Infracción a la Ley Sustancias Controladas 19.82 %


d. Otros No Enumerados 13.48


- Tentativa y otros delitos 65.59 
- Violencia Doméstica 34.41

20.6.12

Mara y el pensar radical

Pensar, Sr. Saldaña, es siempre un ejercicio radical, un movimiento que, en conjunto con las fuerzas de la imaginación infinita y sublime, recorre e inventa paisajes nuevos
Mara Negrón.

No hay palabras para describir la sorpresa, incredulidad y tristeza profunda que ha provocado la partida inesperada de Mara Negrón, intelectual de primer orden, profesora y defensora de nuestra Universidad de Puerto Rico. De Mara admiramos su palabra, su capacidad de escribir, su lucidez y destreza para arrojar luz y hacernos ver aquello que yace en la oscuridad. En la Universidad, su mera presencia en alguna actividad era suficiente para generarme admiración y atención, pues incluso su silencio no era sino signo de que en ella se gestaba una actividad de pensamiento profunda y rigurosa, que más adelante sin duda compartiría.  Fuimos muy afortunados en coincidir con ella en la UPR.

Es muy pronto para hablar de toda su gesta y gran aportación a nuestra comunidad universitaria y región caribeña, pues todavía persiste el estado de incredulidad y habría mucho que decir y sé que otros y otras lo harán de muchas formas; pero ahora quiero compartir uno de los textos de Mara más recientes, uno de varios en defensa de nuestro proyecto universitario, en defensa de nuestra actividad de pensar, del pensar radical. Es un texto que me conmovió mucho cuando lo leí, me generó mucha fuerza, ímpetu y me inyectó energía en momentos en que no pocos sentíamos que nuestra Universidad estaba en el abismo. Recuerdo que al leerlo se erizó mi piel y admiré cada palabra hilvanada con las otras, su coraje y su verdad plasmada. Su voz fue muy potente para mí porque sentí (y siento) que nos reivindicó de muchas formas. Mara nos defendió y defendió aquello que tanto amamos, y lo hizo bella y excepcionalmente. 
 
Aquí comparto este fragmento que ya antes había reseñado por aquí y que atesoraré siempre, no solo por lo que dice sino por el momento y la coyuntura en que lo dijo. Gracias siempre, Mara. Contigo continuaremos, siempre con la intención de situarnos en la radicalidad del pensar.

El texto completo se titula "Epístola a José M. Saldaña", publicado en la Revista 80grados.

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"Sr. Saldaña, soy radical y pienso radicalmente, pero le voy a aclarar por qué. No sin antes explicarle qué quiere decir «radical», al menos, en primera instancia, etimológicamente. Soy profesora de literatura comparada y no puedo evitar ir hasta la «raíz» de las cosas, como cualquier buen humanista. La palabra «radical» precisamente tiene en su etimología la idea de «raíz». Así que, en primera instancia, cuando hablamos de radical estamos yendo a la raíz de algo, a su origen histórico, a su fundamento. Luego, tenemos usos variados de esa palabra en el vocabulario matemático, por ejemplo, hablamos de sacar un radical, en química se dice que hay radicales libres, «una molécula (orgánica o inorgánica), en general extremadamente inestable y con gran poder reactivo», dice el diccionario, y en política «una posición que busca ir al fondo o a la raíz de las cosas». Pensar radicalmente supone comportarse como «esas moléculas inestables y con gran poder reactivo», que transforman, causan cambios y por supuesto revoluciones históricas. Pues pensar, Sr. Saldaña, es siempre un ejercicio radical, un movimiento que, en conjunto con las fuerzas de la imaginación infinita y sublime, recorre e inventa paisajes nuevos.
 
Como, por ejemplo, el infierno de Dante, que nadie había imaginado ni visto. La poesía y lo poético suponen un pensar otro y de lo otros, y en ese sentido, siempre chocan con el establishment del saber institucionalizado. Lo poético siempre reinventa la gramática de una lengua, es decir, revoluciona el lugar común del pensar y de un idioma. ¿Estaré siendo muy radical? Ciertamente. A todos los niveles de mi locución. Quiero decirle que leer también es un ejercicio radical. Transforma al que acomete tan noble y humilde tarea de abrir un libro y de vulnerarse a lo que viene de ese otro mundo. Por eso creo que sí, que cuando enseño soy radical y que leo con mis estudiantes autores radicales como a Sófocles, Dante, Shakespeare, Galileo, Descartes, Diderot, Voltaire, Kant, Freud, Einstein, entre otros. Todos ellos son radicales, pues ninguno de ellos visita el lugar común, ninguno de ellos le teme a la actividad más rebelde que es pensar e imaginar otros mundos. 

¿Y son revolucionarios? Pues así lo creo. Totalmente revolucionarios. Desearon y escribieron para transformar el mundo que les rodeaba. Es quizá la única razón, o al menos la más excelsa por la que se pueda uno encerrar por voluntad entre cuatro paredes a escribir. ¿Transformar el mundo digo? ¿No es eso lo que se supone debe hacer la educación, y en particular la educación universitaria? La historia de las ideas – las humanidades – eso que estudiamos en las llamadas ciencias humanas, – (las facultades que en la universidad del Sr. Saldaña desaparecerían, y no estamos precisamente ante un Kant, ante un nuevo conflicto de las facultades) – es una larga ristra de eventos del pensar, de transformaciones y de luchas que implican cambios y que sólo aquellos que con cierta osadía se atreven, realizan. Y pagan con sus esfuerzos, exilios y censuras. Las universidades son espacios de disidencia desde su creación en la época medieval. Ya hubo huelgas en la universidad medieval, y ni hablar de los movimientos estudiantes del siglo veinte: Mayo del 68 o Tian’anmen."

7.6.12

El ateísmo en una democracia constitucional

En el Seminario de Teoría Política y Constitucional (este año en Mexico), discutiremos el próximo sábado, entre varios papers, el del constitucionalista argentino Marcelo Alegre, quien expone varias propuestas para un estado constitucional laico en su artículo "Laicismo, Ateismo y Democracia".

Por lo que nos compete particularmente en estos días en PR, llamo la atención sobre esta parte de su conclusión, que trata sobre la importancia de la celebración del ateísmo en una democracia constitucional:

"[l]as democracias constitucionales deben celebrar el ateísmo. En una democracia constitucional el punto de vista ateo enriquece nuestra cultura, planteando una crítica al menos plausible, atendible, de la religiosidad. Esa crítica podría ser un contrapeso razonable al fanatismo religioso, fanatismo cuyos riesgos parecen ser algo más que un fantasma inventado por los académicos. Nuestras niñas/os tienen derecho a escuchar la perspectiva atea desde el mismo momento en que se los considera aptos para escuchar enseñanzas religiosas.
 
Los funcionarios públicos deben pensar enla dignidad de los ateos antes de pronunciar alegaciones religiosas en sus discursos, o poblar de imágenes religiosas las oficinas del estado. Las mayorías religiosas deben comprender que en democracia nadie tiene el derecho a no ver sus creencias cuestionadas. También deben abandonar la idea de que el único ateo respetuoso es el que se calla la boca. Las opiniones ateas son disruptivas, disonantes, y en ocasiones, pueden sonar irrespetuosas. Pero si todo grupo merece acomodamiento, también lo merecen los ateos. Y acomodar el ateísmo implica sumarlos a las conversaciones públicas, no confinarlos al ostracismo, y escuchar lo que tienen para decir.

Una oportunidad para celebrar el ateísmo sería la de establecer una fecha anual (por ejemplo el 15 de Febrero, día del nacimiento de Galileo) para rememorar a todas las víctimas de la intolerancia religiosa. Sería un feriado ecuménico, no sectario, ya que incluiría también el recuerdo de las víctimas religiosas de las persecuciones. Lo novedoso sería la inclusión, además, de los perseguidos por no creer en ninguna religión."

Seguimos.

31.5.12

"Ellos" y "Nosotros": un comentario a la columna de hoy sobre la fianza.

Sale publicada hoy una columna que defiende la enmienda constitucional sobre el derecho a la fianza. Presenta el autor algunos argumentos en los que descarta como falacias las razones esbozadas por quienes entendemos que sería un error enmendar la Constitución para privarnos de este derecho. Me limito a abordar rápidamente unos puntos que llamaron más mi atención al leer la columna, pues en el curso de estos meses serán muchas más las razones que se presentarán en este debate y tendremos ocasión para abundar. Comenzaré por el último punto en la columna aludida, y el más que me llama la atención: la distinción que se hace entre un cierto 'nosotros' y un 'ellos'. El otro día buscaba pistas y creo que ahí está la clave de todo esto.

Se ubica el columnista, respetado ex-juez, en un lugar de comodidad y distancia de "aquellas personas que piensen que ellas o un familiar pudieran ser víctimas de la fabricación de un caso de asesinato". Él, por supuesto, no es de "esas personas". Esas, dice, tendrían razones para votar No. A esas las deja a un lado y les pide al resto reflexionar. No cabe sino preguntarse en voz alta: ¿Quienes son "esas personas" de las que el ex-juez se distancia y esas otras entre las que se ubica? ¿Qué las diferencia? ¿Acaso el ex-juez está llamando a echar a pérdida en materia Constitucional (y por ende como sujetos políticos) a "esas personas" de las cuales él no forma parte?. Todos sabemos, pero de eso no se quiere hablar. Son preguntas y respuestas para hablarlas en voz alta, diría yo, pero están cargadas de prejuicios, premisas truncas y llenas de complejidades que se quieren eludir.

Un ellos y un nosotros desde la raíz de nuestra Constitución, parece justificar entonces esta propuesta. Se percibe un halo de ironía en su argumento, pero no se explicita eso que subyace en la distinción. Yo me quedaría precisamente en esa distinción. "Esas", "Aquellas" personas, que por supuesto no son 'él' ni son sus personas. Y es ahí en donde está el fallo principal, no ya en esta propuesta solamente sino en todas las políticas y propuestas de gobierno que le han hecho perder autoridad y legitimidad. Para quienes gobiernan no existe un 'nosotros' inclusivo, existe un 'nosotros' cualificado, que consiste, por supuesto, en quienes tienen una vida tan certera, tan arreglada, tan segura, que entienden que no necesitan ni siquiera de derechos ni de pactos sociales, ni de la Constitución, mucho menos del Estado para llevar una vida plena, decente; que su virtud basta y que su mérito y oportunidades los hacen intocables. ¡Con cuanta seguridad hablan de 'ellos', los 'otros', los 'criminales', los que podrían pensar que se les fabricará un caso!. Es pasmoso ver cómo articulan su discurso con la seguridad de que el texto Constitucional que quieren trastocar no les hace falta porque 'no tienen sospecha', ni duda de que su vida irá bien.

En cambio, 'esos', 'los otros', los que sí necesitan derechos, los preocupados porque el Estado, el gobierno, la policía, los persiga, les viole sus derechos civiles, entren a sus casas y les fabriquen un caso o los tomen por chivos expiatorios, los acusen y encarcelen sin fianza, esos, no caben en un 'nosotros' como sujetos de la Constitución, de una comunidad política que tome en cuenta su vulnerabilidad. Y es ahí donde precisamente estriba el problema. Este tipo de propuesta olvida que en una sociedad vulnerable, en que las bases estructurales fomentan la desigualdad rampante, el que unos se sienten intocables y otros en extremo vulnerables, es precisamente el tipo de sociedad que debe velar por no abrir las puertas a segregar y distinguir -desde su documento jurídico-político- en dos tipos de ciudadanos, unos a la sombra de otros.

Así no atendemos el problema, lo empeoramos, fomentamos el caos, la concentración y el abuso del poder y la segregación de la comunidad política a la que pertenecemos. No cabe hablar de igualdad bajo estas premisas. No cabe hablar de "Nosotros el pueblo". Es esta la premisa más peligrosa, que se repite una y otra vez por los defensores de la enmienda: "Nosotros, los buenos y Ellos, los criminales", como si los niños y niñas nacieran criminales, como si los "sujetos criminales" y el imaginario que tenemos de ellos no naciera de la representación que hace precisamente este tipo de argumento lleno de prejuicios sobre ciudadanos que tienen y deben tener iguales derechos y no de antemano ser identificados como una otredad que no debe contar con éstos, incluso antes de que sea el Estado quien pruebe que ha cometido delito.

Por eso este asunto debemos verlo en segunda persona, como un nosotros. Y ese nosotros debe ser el que nos lleve a reflexionar, sin exclusiones en el tipo de carta Constitucional que queremos. Problemas serios tenemos, criminalidad, violencia, segregación. Todos podemos ser víctimas, sí, no niego eso. Yo no quiero serlo ni quisiera que mis seres queridos lo fueran, pero esto no es un asunto personal, es un asunto de cómo lidiamos con nuestros problemas como sociedad y en la medida en que esto se haga pensándonos en sociedad, nuestra libertad será mejor distribuida. Todos podemos ser víctimas, pero cuando redactamos un texto Constitucional debemos pensar en que todos podemos ser victimas del Estado, sobre todo de un Estado fallido, un gobierno sin autoridad, que cuando no puede esclarecer, investigar, atender las necesidades de los ciudadanos, lo que hace es pedirnos que le cedamos más de nuestros derechos. 

Y en cuanto a la Consitución se refiere, nuestro ojo debe posarse precisamente en la vulnerabilidad y desde una concepción de ciudadanía inclusiva, contar con un contrato político que salvaguarde a los más débiles, pensando en que somos todos capaces de estar en ese lugar de debilidad. Es en la crisis cuando más celosas y celosos debemos ser con nuestros derechos y más reflexivos debemos ser antes de renunciarlos. En la crisis, en el colapso, solo nos queda el derecho a tener derechos. Pedirnos que cedamos esas garantías en una carta en blanco se llama colapso, un colapso de las instituciones que ante la desesperación recurren a pedirnos que le demos más y no son capaces de rendirnos cuentas. Un gobierno fallido es precisamente el tipo de gobierno -y sus gobernantes, debo decir- del cual deberíamos protegernos, tener sospecha. Claro está, algunos no necesitan protección y de ahí que se sientan en demasía seguros, aún sin sus derechos formales.

El mismo autor de la columna acepta que hay una gran cantidad de delitos no esclarecidos, añadimos los no investigados, entonces, ¿cómo, si no se han esclarecido o investigado esos delitos, podría la limitación al derecho a la fianza significar un paliativo a la ola de criminalidad?. ¿Acaso remediando el sistema de justicia criminal no se atendería de manera más eficaz el asunto, por decir lo menos?

Finalmente, llama la atención la frase entre comillas, con cierto desprecio, a los argumentos identificados como "objeciones filosóficas". Francamente no sé a qué se refiere. Toda objeción es filosófica, su columna está plagada de premisas filosóficas sobre el individuo, sobre lo que es y debe ser el Estado, sobre el sujeto que delinque y por qué delinque, sobre la filosofía del derecho, la imparcialidad de un juez, la igualdad y finalmente sobre la justicia. Llena de premisas filosóficas, sí, premisas que deberían también ser objeto de reflexión de todo aquel que escribe y que osa encontrar verdad en sus palabras. Yo tengo identificadas mis premisas y no coinciden con las del autor, por eso continúo intentando explicitar por qué me parece que la respuesta al referendúm debe ser No.

29.5.12

Pistas para ubicar el asunto del derecho a la fianza

Busco un mapa. Busco pistas para abordar el tema del derecho a la fianza. En poco más de dos meses se nos consultará a los electores y electoras si estamos de acuerdo o no con eliminar lo que al momento es el derecho constitucional de todos y todas a que antes de encarcelarnos por la acusación de un delito sin haber ido a juicio, se nos imponga una fianza. La propuesta abre la puerta para excepciones, en esta ocasión, se dice, lo que se persigue es que aquellos y aquellas que estemos acusados de asesinato no contemos con este derecho y permitir, se dice, la discresión de un juez(a) para imponerla. 

Ahora mismo son los jueces y juezas quienes tienen que aquilatar, tomando en cuenta varios factores, la cantidad que se nos impondría como fianza para asegurar nuestra comparecencia a juicio cuando el Estado nos acuse de delito. Nada nuevo hasta ahí. Como todo derecho, el juez y la jueza aquilatan los factores para su puesta en vigor. 

Ahora bien, el artículo constitucional enmendado eliminaría de la cobertura del derecho a la fianza aquellos supuestos de hechos en que el Estado nos acuse de varias modalidades de asesinato. Debemos entonces votar en un referendum para decir si queremos o no que se nos limite este derecho, es decir, si autorizamos al Estado a que cuando nos acuse de ciertos delitos, para éstos no tengamos el derecho a la fianza. Le damos otra carta más al Estado, en este caso, una carta que incide sobre nuestra libertad y nuestra presunción de inocencia.

Visto así, una tendría que preguntarse varios asuntos, más bien todos los asuntos, todos, sin dejar que nada se nos escape. Una tendría que preguntarse primero por las razones para abrir la puerta a la limitación de este derecho (¿qué se quiere resolver?, ¿por qué de esta forma?). Luego preguntarse por las implicaciones para todos y todas y posteriormente pensar en quienes serían(mos) los más perjudicados con esta enmienda y los más beneficiados, por supuesto. Convendría pensar en si existen o no alternativas para atender el problema, esto luego, claro está, de definir cuál es el problema y si éste tiene una relación directa con el derecho a la fianza. En fin, no hay una sola pregunta que debamos dejar fuera, hay que hacerlas todas y en voz alta, duro. No sería tampoco la primera vez que esta propuesta se trae a la atención de la ciudadanía y ya en otras ocasiones la hemos rechazado así que eso también conviene conversarlo.

Algunas de estas preguntas pueden servir de mapa para la discusión que ya ha comenzado y que esperamos que se nutra de muchas voces. Mientras tanto, colaboro por aquí con una buena fuente bibliográfica. David Garland, una de las voces más reconocidas en la academia en temas de la teoría y la sociología penal y del delito, tiene un libro titulado "La cultura del control: crimen y orden en la sociedad contemporánea". (Aquí en español). En éste, Garland traza un mapa para abordar de manera estructural y holística el tratamiento -no solo gubernamental, sino además social y cultural- al tema de la criminalización, el delito y el castigo. 

Entre otras cosas importantísimas, Garland advierte en este libro que la mirada no debe posarse exclusivamente en los actores políticos ni en el Estado -importantes sí- pero también en cómo nuestras prácticas cotidianas, prejuicios ("Llorens con wifi!, no hay derecho!") y mentalidades dominantes son parte esencialísima de las fichas que construyen una sociedad de control del delito y de la criminalización, fichas importantes que legitiman propuestas y determinaciones. Dice Garland:

 "mirar más allá de las políticas y diseñadores de política pública, las condiciones sociales y culturales que estructuran las decisiones políticas y hacen que ciertos esquemas sociales parezcan posibles y deseables".

¿Qué acciones nuestras, normativizadas, qué supuestos, que prácticas legitiman y sostienen la recurrencia de propuestas como la de eliminar o restringir el derecho a la fianza -lo que enfrentamos en esta ocasión- pero también (ojo), otras posibles propuestas futuras que hoy no están sobre la mesa y bien podrían estar en el tapete en unos años (¿intersección de llamadas?, ¿pena de muerte?). Habría que anticipar, atender este asunto develando cada supuesto e incluso anticipar los supuestos futuros.

Si los dos principales candidatos a la gobernación sin chistar proponen la restricción de este derecho sin mucho debate y no hay diferencia entre éstos, no es de extrañarse que con el tiempo, también estén de acuerdo con otras propuestas que aumentan el alcance de la criminalización. Pero también tenemos que observarnos, porque no sería de extrañar que en nuestras prácticas tan recurrentes de prejuicios y de no reconocer a los otros, de no incluirnos en un nosotros, estemos, como alerta Garland, sepultando la identificación empática, establezcamos la distancia y provoquemos la demonización que afecta a la larga el derecho a tener derechos. Por eso la importancia de un mapa, de pistas que desde ya nos mantengan en constante y cotidiana reflexión sobre el asunto.

Hay que observar. Antes de cualquier cosa, busquemos pistas. Nos dice Garland:

"Hoy, el delito y el castigo están constantemente en las noticias. Las decisiones organizacionales y la elaboración de políticas son típicamente reactivas y las políticas están atrapadas en las exigencias de la competencia electoral. Un observador informado podría reconocer las motivaciones que subyacen a ciertas medidas: como si se tratara de fichas que han de ser movidas en un juego, responden a las críticas, reacciones ante el escándalo y reparan el problema. Lo que resulta más difícil es observar el marco subyacente que guía estas respuestas: los intereses, valores y sensibilidades, los supuestos en juego y los compromisos culturales". página 21.

Sigamos. Sigo con Garland. Se acerca el referendum y hay que ofrecer las razones. Para mí está claro que hay que decir que No, pero hace falta construir y fortalecer su sentido.

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