26.11.10

Epístola a José M. Saldaña (Mara Negrón)


Pensar es radical…

Citamos:
«No es de extrañarse – aunque debe censurarse- el que miembros de la Junta de Síndicos por razones de pura politiquería partidista, obstruccionista se opusieran al nombramiento (de Ana Guadalupe). […] Creo que es necesario poner todas las objeciones y protestas que han trascendido respecto a este nombramiento en su justa perspectiva ya que se ha querido transmitir por todos los medios una versión acomodaticiamente distorsionada de la realidad. […]
«En varias ocasiones y en varios escritos he manifestado que desde un principio en la Universidad de Puerto Rico ha existido un grupo sustancial del profesorado que son activistas de tendencia política de izquierda, particularmente en las facultades de las Ciencias Sociales, de las Humanidades, Comunicación y Pedagogía. Este grupo promueve y manifiesta su fuerte apoyo a la independencia del país, al nacionalismo y al socialismo. Lo que más claramente define a esta subcultura académica es el compromiso con la idea de que es urgentemente necesario un cambio político y que éste tiene que lograrse solamente por un proceso revolucionario.
«Muy significativo es el hecho de que cuando hay administraciones universitarias que pueden considerarse débiles, populistas y con sesgo ideológico hacia la izquierda – como la anterior – estos elementos proliferan y ganan acceso a la alta jerarquía institucional obteniendo considerable poder para transmitir sus idearios más allá de los recintos universitarios por medio de actividades académicas oficiales como conferencias, simposios, talleres… etc.
«En ocasiones anteriores he manifestado que esa opción de cierre es posiblemente la más adecuada y necesaria para repensar de arriba hacia abajo a ese recinto que las más de las veces aparenta haberse salido de su cauce y ser ingobernable. A los efectos de buscar alternativas ante esta posibilidad, me permito sugerir –entre otras-que se considere seriamente cerrarlo y trabajar para convertirlo en uno principalmente de programas graduados y de escuelas profesionales. Mover los programas de bachillerato a otras unidades del sistema. Mover de ese campus toda la investigación de ciencia y tecnología, creándose para ello institutos autónomos o independientes.»
Firma este artículo de opinión, – publicado por el periódico El Vocero el 28 de octubre-, como ex Presidente de la UPR, el Dr. José M. Saldaña.
Dante Alighieri leyendo su poema. Por Domenico di Michelino, 1465
Si me encontrara en medio del camino de mi vida en una selva oscura y, como Dante Alighieri en compañía del poeta Virgilio, tuviese que bajar al infierno, me preguntaría quiénes serían los personajes, entre mis contemporáneos, que colocaría en los distintos círculos del infierno. La osadía de Dante, además de sus compromisos políticos en defensa de los güelfos, los cuales le opusieron al Papa Bonifacio VIII, le costó el exilio. En su Divina comedia se atrevió a concebir un infierno de este mundo, por tanto, no un juicio postergado al futuro de una vida después de la muerte. Dante otorga de cierta forma una supremacía moral al poeta. Sólo el poeta puede bajar al infierno, vivo, y regresar a este mundo a escribirlo. El poeta es, por consiguiente, la memoria que regresa de los bajos mundos. Asimismo, Dante concibe al poeta como el que contempla la decadencia de sus contemporáneos. Por eso no lo pensó dos veces cuando se trató de nombrar por su nombre propio a ciertos papas, los poderosos de su época. Entonces, también digamos que Dante concibe el pensar de la poesía cercano a una cierta idea de la justicia. Ésta no está muy lejos de esa justicia retributiva previa a la era moderna, que consistía en castigar de acuerdo a lo que se había hecho: un castigo merecido. Una justicia que se concebía como punitiva. Dante, no obstante, se reserva el derecho supremo de simpatizar con algunos de los condenados del infierno, y no con otros. Así, al hacerlo, discrepa de una interpretación estricta de los sacramentos cristianos.
Continúe, por favor, en la Revista 80grados.

The ice storm (1997) (demos gracias)

25.11.10

22.11.10

Jueza Ruth Bader Ginsburg y la Teoría del Derecho

La Jueza Ruth Bader Ginsburg en sus vistas de confirmación, contesta ante el Senado de los Estados Unidos preguntas relacionadas con la Teoría de la adjudicación, Teoría crítica feminista del Derecho, el rol de los jueces y juezas en el sistema político, los derechos sexuales y reproductivos, equidad e igualdad para las mujeres, entre otros asuntos.

Análisis del Término 2009-Derechos Reales (Supremo PR)

La semana pasada participamos en el Análisis del Término 2009 del Tribunal Supremo de PR, organizado por el Programa de Educación Jurídica Contínua de la Escuela de Derecho UPR. Como todos los años, el producto de este Análisis será publicado en la Revista Jurídica de la UPR. A mi cargo estuvo el análisis en materia de Derechos Reales. Los temas de este término son la posesión y su protección interdictal y la clasificación de los bienes, en específico, la delimitación de la zona marítimo-terrestre. Aunque el artículo no está completo aún, comparto por aquí un borrador del artículo -muy preliminar aún- que se limita a una reseña y comentarios preliminares. Comentarios y sugerencias serán bievenidos. 

Borrador aquí. Favor no citar aún.

Análisis del Término 2009 (Supremo EEUU) en Harvard Law

Ya está disponible el Análisis del Término 2009 del Tribunal Supremo de los EEUU, en  el Volumen 124, número 1, del Harvard Law Review. Incluye, por supuesto, varios comentarios al notorio caso Citizens United v. FEC y el tema de la protección a la libertad de expresión de las coporaciones, y los famosos takings judiciales en Judicial Takings: Stop the Beach Renourishment, Inc. v. Florida Department of Environmental Protection.


El número completo aquí.

De ACIJ

De nuestros amigos de ACIJ en la Argentina (Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia). Hay preguntas universales, y como tales, vienen al caso. Conviene preguntarnos lo propio.

19.11.10

La impudicia (Francisco José Ramos)



He vuelto a leer a Cioran (1911-1995) y me he topado con esta frase: «La voluntad de destrucción es la expresión dinámica de la tristeza». La frase es muy oportuna para lo que hay que pensar en estos tiempos que siguen a las sombras del pasado siglo XX, el más violento y desgarrador de la historia. Digo bien pensar y no solamente distraerse con los pensamientos. Para ejercitar el buen pensar hay que estar libre del peso de la tristeza. Como toda pasión la tristeza es momentánea, aunque pueda parecer eterna. La razón de esto es que somos seres que padecemos, y no cesamos en el empeño de apegarnos a nuestras pasiones como si fuesen entidades, realidades sustanciales que generan un gran dividendo, una insólita ganancia: seguir sufriendo. El tormento se convierte entonces en una manera de pasar el tiempo, en un pasatiempo. De esta manera se constriñe la alegría de pensar y el pensamiento queda atado a dos de sus peores desgracias, la amargura y el resentimiento. Por otra parte, cuando se está libre del peso de la tristeza, la propia tristeza se convierte en una aliada del acto de pensar. Entonces los pensamientos toman vuelo, y el ánimo aprende a volar, aún con el sobrevuelo de la melancolía. 

continúe, por favor, en la Revista 80grados.

columna: Escarabajos (Mari Mari Narváez)

19 Noviembre 2010

Escarabajos

Mari Mari Narváez


Hay ausencias que matan. La pared gigante que ha quedado vacía en la entrada de la biblioteca del Tribunal Supremo, es ahora locuaz testimonio de la infamia. 

Si una se preguntaba cómo exactamente era que ocurría esa especie de milagro de que la opinión de un juez llegue a convertirse en la palabra que se respeta y se acata casi sin cuestionamientos, ahora nos tocará saber cuánto valor -si alguno- pierde esa palabra cuando su autor ha perdido legitimidad. 

Ante la glotonería de dominio de unos gobernantes, terroríficamente respaldada por cuatro jueces supremos; incluso ante la pesarosa languidez del Juez Presidente que, contemplándose maniatado, se resigna y “pasa la página”, no puedo pensar en un acto simbólico más redentor que “el descuelgue de Martorell”. 

Por esas justicias poéticas de las que sólo dispone el destino, la obra inmensa que descolgó el Maestro se titula ‘Escarabajo’. Me fue inevitable pensar en el enorme escarabajo en que se convierte el vendedor Gregorio Samsa, protagonista de La metamorfosis de Kafka. Lo más atroz de esa historia es la manera como el propio Gregorio y su familia se van habituando a su nueva condición, cómo se resignan a normalizar el movimiento repulsivo de sus decenas de patitas peludas, el manejo torpísimo de su nuevo caparazón.

Ese, me temo, es el gran peligro que tenemos ante nos con el Tribunal Supremo: hoy estamos espantados de ver cómo los apoderados de la justicia se han transformado en escarabajos enormes. Hoy somos reivindicados por Martorell, por su bello acto de descuelgue en el escenario de la infamia. Hoy damos sentido al mensaje tan perturbador que es el desierto de una pared. 

No sé cuánto dure el vacío. Incomodará a los jueces el estruendoso silencio de ese testimonio. Ya pensarán en alguna otra obra que decore el escenario de la atrocidad. 

Pero si mañana comenzamos a normalizar esta nueva condición de los apoderados: si empezamos a adjudicarle una absurda naturalidad a sus caparazones, a esa manera de moverse con decenas de patitas peludas, pegajosas, entonces corremos un gran riesgo: el de convertirnos también en horribles escarabajos y ni siquiera sorprendernos. 


  • La autora es periodista.
  • 18.11.10

    Campaña por la Revista 80grados. Únete!

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    17.11.10

    Festival de arte callejero en Río Piedras

    Arte Callejero en Río Piedras. Programa aquí.

    "Tú no existes": La Ricotta (Pasolini)

    la rutinaria incertidumbre de los días (HOY, presentación Bioislas)

    “Esta es la forma como se articula la representación de la pobreza en tanto heterotopia: nos señala el lugar donde estamos y no estamos al mismo tiempo, con la imagen reflejada en el espejo. Al mirar la pobreza del otro lado, vemos nuestra pobreza invertida provocando un estado de mayor ansiedad, vulnerabilidad e inseguridad. Con esta economía política de la inseguridad se activa sin cesar una espiral del miedo y mayor inseguridad, que al mismo tiempo nos conduce, paradójicamente, a la permanencia del orden existente. La exhibición y representación de la pobreza tiene a su vez otra función extraordinaria en sostener el orden de las cosas. Incluye, alternativamente, el asunto de ley y de orden o del tema de los Derechos Humanos.

    Cuando no se activa la cuestión de ley y orden entonces asistimos a la cuestión de los Derechos Humanos, y con ello, a la explosión de todo tipo de manifestaciones humanitarias en lo que Bauman llama carnavales de caridad. Cada cierto tiempo la gente se indigna de lo que ve y decide hacer algo. Entonces observamos a artistas, damas cívicas, motivadores existenciales, filántropos, religiosos, estudiantes, todos al unísono denunciando los atropellos a los que son sometidos los pobres del mundo. Se hacen maratones para recoger comida, se les provee de servicios de salud, se les lleva regalos el día de los Reyes Magos, los limpian, les demuestran solidaridad, cariño y otra vez a la rutinaria incertidumbre de los días. Todo pasa, los carnavales de caridad se esfuman con la misma espontaneidad con que aparecieron.

    Una de las encrucijadas más importantes está, entonces, en cómo interrogarnos sobre el lugar de lo político frente al escenario que aparece entre nosotros en el que todas estas medidas, muestran cuan limitadas son para pensarnos como ciudadanos. …”

    De Bioislas: Ensayos sobre biopolítica y gubenamentalidad en PR (Marlene Duprey)

    Presentación hoy 17 nov.

    Sala Teatro Beckett

    7:30pm.

    columna: Poder sin legitimidad (Efrén Rivera Ramos)

    17 Noviembre 2010

    Poder sin legitimidad

    Efrén Rivera Ramos
    http://www.elnuevodia.com/columna-podersinlegitimidad-819625.html

    Más de cincuenta profesores de Derecho del País han expresado públicamente sus reservas o su rechazo a la decisión de una mayoría del Tribunal Supremo de Puerto Rico de solicitar un aumento en el número de jueces de esa institución.

    Más de cincuenta profesores de Derecho del País han expresado públicamente sus reservas o su rechazo a la decisión de una mayoría del Tribunal Supremo de Puerto Rico de solicitar un aumento en el número de jueces de esa institución.

    El dato es importante. No debe pasarse por alto.

    Se trata de personas dedicadas al análisis constante de las decisiones de ese alto foro y al estudio de su comportamiento.

    Le siguen sistemáticamente el rastro al desarrollo del derecho puertorriqueño en sus diversas dimensiones. Formulan juicios informados de la labor judicial y tratan de explicarles a sus estudiantes y al resto de la comunidad jurídica la pertinencia de las actuaciones judiciales para el desenvolvimiento de la sociedad.

    Han hablado, pues, con conocimiento de causa.

    El grupo se ha unido al coro de voces del resto de la profesión jurídica y de otros sectores del pueblo que han criticado el proceder en este asunto de una parte del Tribunal Supremo, así como el modo en que se ha tramitado la cuestión en la Asamblea Legislativa. Ambos, la mayoría judicial y la Legislatura, han optado por cambiar la composición del Tribunal sin discusión. Sin la deliberación propia de un sistema democrático.

    El Gobernador ha avalado esa actuación con su firma.

    Todo ello apunta a una consecuencia. Si bien el partido de gobierno se ha movido con celeridad y contundencia a controlar el máximo organismo del Poder Judicial, corre el riesgo de lograrlo a cambio de la pérdida de legitimidad del Tribunal.

    Desde el punto de vista normativo, la legitimidad se deriva de los principios morales, filosóficos, políticos y jurídicos que fundamentan una determinada autoridad, institución, norma o decisión gubernamental.

    Desde el punto de vista sociológico, el concepto alude a la aceptación que pueda generar esa autoridad, institución, norma o decisión en el seno de la comunidad de sus destinatarios.

    En uno y otro sentido, la decisión reciente del Gobernador, la Legislatura y la mayoría del Tribunal ha puesto en entredicho la legitimidad del Tribunal Supremo. Los fundamentos ofrecidos en apoyo de la solicitud son endebles. No aguantan agua. Suenan a racionalización, más que a justificación genuina. Por otro lado, su aceptación en la comunidad jurídica y en amplios sectores de la población es, cuando menos, precaria.

    El Tribunal Supremo depende para su legitimidad de la fuerza de sus argumentos, del respeto que susciten sus decisiones, de la acogida que logre, en su conjunto, tanto en la comunidad jurídica como entre la población general. Si ese respeto se desvanece, sufre su legitimidad. Ese respeto, sin embargo, no puede simplemente exigirse, sin más. Se lo tienen que ganar los miembros del alto foro con su proceder.

    La pregunta que tienen que hacerse quienes gobiernan es de qué vale el control sin legitimidad. Podrá dejar beneficios inmediatos, pero pronto comenzará a perder terreno político y moral.

    Cuando lo que importa es el poder por el poder mismo, eventualmente se tendrá que recurrir a la coacción para conservarlo. Y la coacción cruda a la larga genera mayor erosión de la legitimidad. Ello conduce inevitablemente a una gran soledad. La soledad del poder a secas.

    15.11.10

    Bioislas: biopolítica y gubernamentalidad en PR (Marlene Duprey)


    Ediciones Callejón

    y La Sala-Teatro Beckett

    invitan a la presentación del libro


    Bioislas: ensayos sobre biopolítica y gubernamentalidad en Puerto Rico

    de Marlene Duprey


    Presentadoras:

    Carmen Luisa González

    Érika Fontánez Torres


    Fecha: miércoles 17 de noviembre 2010

    Hora: 7:30 p.m

    Lugar: Sala-Teatro Beckett (Ponce de León 1008 Río Piedras)

    Te esperamos!


    (pulse el cartel para detalles sobre el libro y la autora)

    14.11.10

    Benjamin a Gretel, un entrelíneas


    Hace un tiempo compartí por aquí fragmentos del Diario de Moscú de Walter Benjamin, en particular las letras en que éste narraba sus encuentros con Asja Lacis. Comparto ahora un fragmento de una de las cartas más hermosas que Benjamin le escribió a Gretel Karplus (a quien llamaba 'Felizitas') desde su retiro en Ibiza. (Walter Benjamin, Cartas de la Época de Ibiza, Pre-Textos)

    Benjamin y Gretel eran una especie de confidentes, mantenían una amistad de complicidad. Ella le enviaba contribuciones económicas para ayudarlo a sobrevivir en Ibiza y él le escribía muy frecuentemente y le comentaba sus escritos. Se carteaban y comentaban sobre Teodoro Adorno (Gretel fue esposa de Adorno), sobre lo que ocurría en Berlín en esa época, sobre sus estados de ánimo. Este fragmento de carta es uno de los más elocuentes en términos de la relación entre ellos y al igual que en los relatos de Benjamin sobre Asja, en éste se deja leer su sensibilidad, ingenio y pasión en el querer.

    Salud!.

    ---
    A Gretel Karplus
    San Antonio, Ibiza, [aproximadamente], el 25 de junio de 1933.
    Querida Felizitas:
    Como ve, mi correspondencia es escasa, de hecho no sé qué pensará cuando sepa que usted es la que lleva la voz cantante de la misma. Por eso tendría que valorar la orquesta más por la atención que le dedica su único oyente que por la fuerza de su reparto. Pero de todos ellos es seguramente Gerhard el que tiene la parte más importante. Las cartas que vienen de Jerusalén, como usted fácilmente se imaginará, son para mí en este momento especialmente interesantes; además de que cada catorce días puedo contar con una de ellas con bastante seguridad.
    Me agrada saber que ha terminado con los lavados de estómago; espero también que los días de sol no le falten mientras navega en la lancha. Es cierto que recibo noticias de personas que aún mantienen correspondencia con sus familiares, y que también oyen que el tiempo en Alemania amenaza con tormenta. Aquí este verano en cualquier caso se diferencia del anterior, en el que las tormentas y las lluvias fueron escasas. Aunque prefiero por los días grises tanto en el sur como en el norte.
    Algunas veces me da por pensar, querida Felizitas, en si usted no sufre demasiado por la felicidad de su niño. Un “niño problemático” y un niño adoptado…[1] ¿No desea a veces un adulto? Este papel podría representarlo yo a su lado si usted estuviera presente, pero en estas circunstancias el alejamiento no hace seguramente sino empequeñecer mi figura. Con mis cartas intento al menos estilizarla, y quizá en algún momento hasta llegue a aparecer una silueta lo bastante aceptable. Sin embargo cuando su núcleo se ensombrece de un color negro intenso deja de corresponder a su modelo original. Aunque no es menos cierto que este comportamiento técnico conduce en ocasiones a un nivel crítico de verdad existencial. Por no abandonar la simbología de colores le diré que le doy las gracias de nuevo por la “hojita rosa”:[2] nos hace más que destacar y de nuevo esperanzadoramente en el susodicho trasfondo negro. ¿Y cómo podría darle réplica a esta confirmación sino con este pequeño dibujo de tinta que Baudelaire tan inteligentemente interpretó como “charme inattendu d’un bijou rose et noir” (la gracias inesperada de un joyel negro y rosa)?.
    Escríbame lo antes posible para decirme lo que hace, piensa y lee. Puesto que yo, como berlinés nativo, creo tener alguna autoridad sobre osos, me dirigiré a Georg Tenglershen para recomendarle encarecidamente que le ofrezca su afable zarpa.
    Y aquí le entrego la cinta* con la que usted podrá atar todos los pequeños y buenos deseos que seguramente habrá descubierto entre líneas.
    Suyo

    [1] Si el “niño problemático” es Adorno, el “niño adoptado” es el propio Benjamin. Gretel Karplus había escrito en su carta del 17 de junio que ella adoptaría a Benjamin “en lugar del niño que nunca había tenido”.
    [2] Se trata de los giros postales con los que Gretel Karplus ayudaba con frecuencia a Benjamin.
    *Benjamin había trazado una larga línea oscilante que partía de la "H" de "Hier" (aquí).
    (las notas son de la edición de Pre-Textos).

    13.11.10

    Rasgar las paredes del poder Judicial (en Revista 80grados)

    Rasgar las paredes del Poder Judicial

    POR ÉRIKA FONTÁNEZ TORRES | 12 DE NOVIEMBRE DE 2010 | 11:35 AM – SIN COMENTARIOS

    Ilustración por Kike Estrada

    “Lo que se intenta preservar es una instancia simbólica, el Juez, de la misma forma como se pretenden conservar figuras como la del padre o la del sacerdote. El Juez (en mayúscula) es posiblemente la imagen paradigmática de la coherencia, el referente que compensa en el nivel simbólico la incoherencia omnipresente en la vida cotidiana. La retórica de la neutralidad se mantiene, en fin, porque nosotros queremos creer que es cierta”.

    -Duncan Kennedy, Libertad y restricción (César Rodríguez Garavito, estudio preliminar, 2005; Nuevo Pensamiento Jurídico).

    En su famoso ensayo sobre el campo jurídico, La fuerza del Derecho, Pierre Bourdieu señala que el Derecho es parte de lo que hace al mundo social al producir categorías, ofrecer ‘soluciones’ a las controversias y configurar realidades particulares. De ahí que convenga entonces mirar de cerca las prácticas del Derecho, su producción de UNA verdad particular y los quehaceres de sus protagonistas. Y entre los protagonistas del Derecho están los jueces y juezas, los portadores de la palabra autorizada. Los jueces y juezas pronuncian lo que Es el Derecho. Sobre esto nos dice Bourdieu:

    A diferencia del insulto proferido por un simple particular que, en tanto que discurso privado, idios logos, no compromete sino a su autor y no tiene apenas eficacia simbólica, la sentencia del juez, que termina los conflictos o negociaciones a propósito de las cosas o de las personas proclamando públicamente en última instancia lo que ellas son verdaderamente, pertenece a la clase de actos de nominación o de instauración y representa la forma por excelencia de la palabra autorizada, de la palabra pública, oficial que se enuncia en nombre de todos y enfrente de todos.

    Su poder reside, de hecho, en la producción de UNA verdad, una que además, pretende ser neutral y universal, apolítica. Los jueces y juezas, sobre todo si se trata de quienes componen el Tribunal Supremo, son quienes llevan a cabo esos actos mágicos, estos enunciados performativos que legitiman el curso de acción que dicta el Derecho para las controversias sociales que tocan a su puerta. Por eso, la respuesta de éstos debe también seguir una lógica y un razonamiento autorizado, tanto en el campo jurídico como en el político. Una de esas lógicas, de esas premisas sobre la cual se sostiene su poder es la diferencia entre Derecho y Política. La idea del Juez o Jueza neutral, de un recinto de jueces impermeable a la ideología, a las influencias de ‘lo político,’es uno de los pilares del sistema liberal y de la legitimidad del Derecho como autoridad.

    De ahí que uno de los elementos fundamentales de la Teoría del Derecho contemporánea es la pregunta por el papel que juega la ideología en la adjudicación de los jueces y las juezas: ¿son éstos y éstas aplicadores neutrales de normas jurídicas o, en su lugar, creadores y creadoras de Derecho según valoraciones políticas o morales? En la teoría del Derecho para quien concibe el ordenamiento jurídico como un sistema perfectamente armónico, certero y neutro, como una ciencia capaz de deslindarse de la política y ofrecer una respuesta correcta, la actividad judicial no es sino una actividad técnica y neutra, libre de la indeseable ideología. Bajo esta idea, el juez y la jueza tienen como función exponer meramente lo que ya el ordenamiento jurídico estableció, es decir, lo que dice la ley. En general, esta es la premisa hegemónica en nuestro sistema. Con algunas variantes, el sistema está cimentado en que la figura de estos sujetos, llamados jueces y juezas, no hacen sino aplicar la ley, por lo tanto no son políticos. Cuando el ejercicio de los jueces se aparta de esta premisa, su proceder hace ruido, incomoda, se trastocan las bases originales de este arreglo.

    La realidad es que esto último ocurre cotidianamente. No pocas veces criticamos abiertamente alguna decisión judicial por su resultado, nos indignamos cuando vemos en la sala del tribunal a un juez o jueza que no sigue las pautas del razonamiento autorizado por el Derecho y denunciamos que las decisiones judiciales son el resultado de motivaciones políticas, morales o ideológicas. En otras palabras, los jueces y juezas fallan y se apartan de las premisas de autoridad válidas, pero el fallo no es sistémico, es decir, pese a eso, las togas van y vienen y seguimos aceptando su autoridad, el ejercicio de su poder. Lo cierto es que aún cuando los debates de teoría jurídica incluyen algunos intentos de demostrar el carácter político-ideológico del Derecho y en específico, de la judicatura, para poder funcionar, descansamos en una idea contraria, necesitamos de esa distinción de Derecho y Política, para continuar de la mano con un sistema republicano de gobierno, organizado alrededor de la idea de los derechos.

    Lo ocurrido en los pasados días en la Rama Judicial, sin embargo, ha provocado un ruido ensordecedor. Lo ocurrido parece distinguirse de aquellas situaciones en que uno que otro juez o jueza se aparta de la idea del juez ‘apolítico’. Los cuatro integrantes de menor antigüedad en el Tribunal Supremo de Puerto Rico se han quitado la toga de la neutralidad y ha desafiado la escisión entre Derecho y Política. Es esto lo que ha provocado la indignación de gran parte de la profesión legal en el país, el silencio de aquellos y aquellas que saben que esta vez “se les fue la mano”, la incredulidad, desesperanza y molestia de gran parte de la población. Como ha señalado el profesor Hiram Meléndez Juarbe en varias entradas del blogderechoalderecho.com, los jueces y juezas recién nombrados en el Tribunal Supremo se han colocado en el ámbito de lo político y se han autoconstituido en una identidad de jueces representantes del partido en el poder o, como los llama la prensa, en una identidad de ‘jueces estadistas’. Así, sin discusión ni deliberación con sus pares, han pasado a peticionar -con razones no poco cuestionables-, un aumento en el número de jueces al Supremo. Es evidente que su actuación no es sino el desenlace de lo que en su día advirtió el partido en el poder, que se darían ‘un banquete Supremo’.

    Los jueces de la palabra autorizada han refrendado esa lógica del banquete político, se han hecho formar parte de ella. Siendo así, tenemos entonces a una institución cuya legitimidad está en juego, que ha desafiado abiertamente la distinción entre Derecho y Política, que camina por las afueras de las razones válidas que establece el razonamiento jurídico para legitimar su autoridad, en otras palabras, estamos ante una institución rasgada, que se nos ha desvestido sin que hayamos tenido que hacer mucho esfuerzo para hacer transparente su poder desnudo. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo nos ubicamos ante esta realidad en la que “la palabra autorizada” pierde la fuerza y eficacia simbólica?

    Una alternativa es hacernos de la vista larga, continuar como si funcionara. Mantener el mito de la neutralidad (aún en su fragilidad). Después de todo, la idea de un escenario que sea capaz de deslindarse de lo político, capaz de salvaguardar derechos, podría ser en el fondo un tipo de inercia inescapable. El andamiaje social sobre el cual operamos descansa en esto y en el fondo puede ser que queremos creer en esto. Y es que en esta idea de un sistema judicial distinguible del político e impermeable a la ideología, surgen dos tipos de intereses: “(a) la gente quiere creer en [la idea de la neutralidad del Juez] porque no hacerlo provocaría angustias basadas en la centralidad de los jueces en el sistema político, y (b) la gente quiere creer en ella porque la creencia satisface, a cierta distancia, desde una cierta lejanía social, una agradable fantasía sobre las posibilidades de ser en el mundo”.

    Me temo que los problemas en nuestro país son tan apremiantes que en gran medida la gente de a pie –para bien o para mal- parece necesitar cada vez más del sistema legal, casi como única esperanza. Por eso funcionan como si funcionara. Al sistema legal acuden aun quienes son capaces de deconstruirlo, lo usan instrumentalmente hasta los que han sabido denunciar la ideología que lo atraviesa, tocan a sus puertas aquellos y aquellas para las cuales no queda alternativa posible para reivindicar o mantener lo poco que tienen, y evidentemente, lo usan sin problemas quienes tienen interés en mantener su poder. En general, se acude al Derecho casi al mismo paso al que la gente se convierte a la religión, y, valga decir, con el mismo acto irracional de fe. En otras palabras, el Juez y el Sacerdote son personajes que sabemos al borde de la muerte pero que nos negamos a dejarlos morir.

    Cierto, siempre está la alternativa del no-reconocimiento, del abandono del sistema legal, de señalar sus fallas, falacias, conspiraciones, y descartarlo del todo, con las implicaciones que eso pueda conllevar y si las circunstancias permiten asumir en su complejidad las consecuencias de que Derecho es Política. Aunque para esto falta mucho todavía, me temo que hará falta un jamaqueo sistémico mucho mayor que el aumento en el número de jueces y mientras tanto demasiadas cosas van pasando. Habrá que ver, con la línea de sucesos ocurridos en los pasados meses respecto a la Rama Judicial, quizá me equivoque.

    Así, que una cosa es lo que quisiéramos y otras sus posibilidades. La realidad es que, aún con lo ocurrido en los pasados días en la Rama Judicial, haría falta mucho más para que el discurso liberal del Derecho y con éste la idea de la neutralidad del sistema judicial se trastoque lo suficiente como para provocar una crisis sistémica. Hay demasiados intereses y arreglos que descansan y dependen de estas premisas discursivas, incluso los intereses de aquellos y aquellas que -a falta de otro proyecto o por convencimiento- todavía operan y creen firmemente en la idea de los derechos, en un sistema legal que -aunque sea contingentemente- pueda resolver algunos asuntos, paliar la inequidad, las carencias más acuciantes, las injusticias más evidentes. Entonces, ante este escenario, la pregunta que se impone es ¿qué hacer ante un poder judicial que ejerce su autoridad abiertamente en el mundo del como si?

    Quizá es muy temprano aún para aventurarnos en respuestas, habrá que seguir pensando y tomándole el pulso al desarrollo de estos acontecimientos y los posibles cambios en cómo se concibe el Tribunal Supremo y cómo la ciudadanía reconceptualiza su papel. No obstante, desde ya quisiera proponer unos parámetros que entiendo son importantes para continuar con el debate sobre el tema, ubicarnos en estos escenarios y pensar en alternativas.

    Complejizar el debate

    Al igual que la discusión en el resto de los temas en el país, en el análisis del poder que tiene el Tribunal Supremo urge salir de la dicotomía PNP v PPD. Evidentemente, lo ocurrido en estos días hay que denunciarlo vigorosamente como un acto reprochable del partido en el poder y, peor aún, de los propios jueces que con su actuación asumen una identidad ‘estadista’ en su ubicación desde el Tribunal Supremo. No obstante, si bien las pujas de poder evidentes ante nuestros ojos nos indican disputas y diferencias partidistas éstas, ni remotamente son las únicas.

    En el ámbito de la política, también se podría describir personajes de uno y otro partido en términos de ideologías, visiones de mundo, discursos, creencias y no encontraríamos diferencia alguna. Falta complejizar, ir a los detalles de las diferencias, cuál es su filosofía política, cómo conciben al Estado, qué políticas libertarias o igualitarias proponen, qué políticas públicas guiarán su gestión política. Lo mismo sucede con el Tribunal Supremo. Podríamos decir que son pocos los casos que se atienden en clave partidista. Para quienes acuden al Tribunal a reivindicar derechos hay otros asuntos que urge conocer sobre cómo piensan estos jueces y para los cuales quizás no hay distinciones entre ellos, o muy pocas, o quizás con un debate robusto en esa dirección podamos comenzar a romper los bloques partidistas.

    Piénsese en los temas de familia: ¿cómo conciben la familia? ¿cuán conservadores son en términos de concebir al matrimonio como único arreglo institucional constitucionalmente válido? ¿qué lectura constitucional privilegian en términos de los derechos al matrimonio igualitario? ¿qué interpretación están dispuestos o dispuestas a adoptar respecto al derecho a la intimidad? ¿respecto al derecho al divorcio no contencioso? ¿cuál es su respuesta adjudicativa cuando un demandante va al Tribunal a exigir que se le reconozca la libertad de hacer un cambio de nombre porque ha cambiado su sexo?

    En muchos de estos temas no habrá diferencia o habrá muy poca si los jueces o juezas pertenecen a uno u otro partido, pero estas diferencias pasan desapercibidas porque a la hora de los nombramientos o de hablarse públicamente sobre el Supremo no se hacen estas distinciones. Estos temas se invisibilizan y el Tribunal adopta, cómodamente y sin ruido, decisiones sumamente conservadoras, restrictivas de derechos fundamentales importantes, incluso en cruces de líneas partidistas. Lo mismo con respecto a su visión sobre los derechos sociales, la protección al propietario con poder económico, la protección del individuo frente al Estado en casos criminales, los derechos laborales, la separación de Iglesia y Estado. ¿Cuántos jueces objetaron la reciente opinión de mayoría que citó con autoridad UNA versión de la Biblia? ¿Se dividieron por líneas partidistas?

    En otras palabras, si el Tribunal Supremo se convierte en un asunto público, hay que rasgar sus paredes en toda su complejidad y visibilizar todas las dinámicas de poder que allí operan. Debemos prestarle más atención a cómo deciden los jueces o juezas en temas tan diversos como los derechos y libertades civiles, las mujeres y minorías, el medioambiente. Quizá sus decisiones coincidan con su identificación partidista, quizá no. Si no queremos contribuir a que casos desafortunados como el del aumento sin debate ocurran en la Rama Judicial, el país necesita estar preparado para que con el debate público estas situaciones puedan enfrentarse. Eso implica conocer más de cerca la complejidad de lo que allí ocurre y, sobre todo, conocer de primera mano, cómo le afecta directamente el tipo de persona y la composición de quienes tienen el poder de la palabra autorizada.

    Ampliar el medio desde el cual se hace la crítica, democratizarla

    Me gustaría llamar la atención sobre la importancia de que la prensa y los comentaristas radiales rebasen el descansar sólo en la opinión de expertos legales sobre el tema, para incursionar en la opinión que tiene la ciudadanía sobre esa rama de gobierno. Los asuntos como estos no se pueden dejar solamente en manos de ‘los expertos’, tienen que implicar una discusión ciudadana amplia. Para comenzar, vale recordar que estos expertos a su vez tienen intereses ante los foros judiciales, postulan y están sujetos a las dinámicas de poder al interior del Derecho. En muchos casos, por la dinámica misma se autocensuran. Además, aun cuando algunos puntos requieren de la especialización de juristas, éstos deben poder explicar de forma tal que el ejercicio de creación de opinión pública no descanse exclusivamente en sus miradas y argumentos. Es un tema principalísimo en el diseño institucional democrático, concierne a asuntos de índole político y social en su sentido más amplio, por la que aun cuando las instituciones como la Legislatura, nos cierra las puertas, hay otras formas en que se puede provocar una discusión pública amplia, inclusiva y vigorosa sobre estos temas.

    Sería interesante indagar a fondo sobre la legitimidad con que goza esa institución, cuánto la gente la conoce, la medición de la confianza de la ciudadanía en el sistema judicial, la percepción y medición sobre la imparcialidad de los jueces y lo que esto implica para el importantísimo tema del acceso a la justicia. Habría que preguntarle a la ciudadanía sobre su experiencia en el sistema de justicia, en la atención que han recibido sus casos, incluirlos en el debate de los derechos individuales, más allá del partido al que pertenezcan.

    Además, convendría insistir, más allá del debate PNP v. PPD, en preguntas como: ¿Cómo beneficia a alguien de Las Marías un aumento en el Tribunal Supremo?¿es deseable? ¿para quién? ¿para todos? ¿conviene para la diversidad? ¿ayudará en una pronta solución de controversias en casos criminales, en civiles, en corporativos? ¿mejorará el acceso a la justicia a los y las ciudadanos que quedan fuera de ese acceso? ¿ayudará para mejorar la atención a casos presentados por Asistencia Legal, Servicios Legales? ¿fortalecerá arreglos institucionales más justos, más inclusivos y más igualitarios? ¿Cómo provocar discusión y deliberación sobre estas preguntas y otras legítimas que deberían hacerse?

    Ya hemos hecho hincapié en que a pesar de que el tema de la política partidista es un tema protagónico, resulta importante que las miradas a las implicaciones de esto se diversifiquen, se profundicen mediante un análisis que ponga de manifiesto preguntas como las anteriores, más allá del asunto partidista y que el ciudadano de a pie forme parte de la discusión, reconociendo y opinando sobre las implicaciones de esto en su vida diaria y que el debate incluya sus opiniones sobre cómo decide el Tribunal en diferentes áreas del Derecho o cómo actúa.

    Ampliar y fortalecer una visión crítica del Derecho: exigir razones

    Si como sociedad estamos inmersos en un mito liberal de la neutralidad del Derecho del cual no podemos escapar, entonces debemos seguir insistiendo una y otra vez y hasta el cansancio que la autoridad del Derecho y de los pronunciamientos de los jueces tiene que venir acompañado de razones, de fundamentos válidos que nos permitan legitimar su autoridad. No basta con que los jueces “dicten sentencia” y ejerzan poder sobre el resto. No basta su autoridad si no fundamentan y explicitan sus razones. Ahora, no basta que expongan razones sino que éstas tienen que ajustarse a lo que hemos determinado propio para esta rama de gobierno. En este sentido, habría que recordarles en cada instancia a los jueces (y ahora con refuerzos) que su poder se enmarca en un esquema en el que sirven de principales garantes de los derechos del resto de la sociedad, sobre todo de las minorías. Este asunto hay que insertarlo mucho más en la discusión pública. Exigir una y otra vez en que en nuestro sistema, su actuación no puede responder a que éstos se conciban como parte de un caucus partidista en la judicatura. La Judicatura no opera ni puede operar bajo esa lógica y de alguna manera hay que prevenir que esa lógica se normalice sin que haya resguardos de crítica o que simplemente se acepte por resignación.

    El poder simbólico de los jueces del que hablaba Bourdieu tiene que estar fundamentado en razones que el sistema jurídico-político reconozca como válidas, nunca en razonamientos de otros sistemas sociales, como los político-partidistas. Nos corresponde a todas insistir sobre esto, aunque parezca básico. Ante la normalización de la división del Supremo por caucus partidistas, habría que insistir incluso en el uso del lenguaje. Me resisto a llamar a los jueces de menos antigüedad jueces ‘estadistas’ para que con ese hecho se normalice semejante práctica que tiene serias consecuencias materiales sobre la vida de tanta gente. Nuevamente, hay que develar otros patrones y promover la discusión y normalización de otros estándares que rechacen las paradojas que actualmente sufrimos.

    Mantener una crítica vigorosa a los jueces y juezas

    Finalmente, urge que la ciudadanía conozca más de la Rama Judicial, quienes son sus jueces, su funcionamiento, lo que allí ocurre. Si esa Rama de gobierno se ha concebido como política, entonces nos corresponde fiscalizarla como al resto se fiscaliza, acaso con mayor vigor, en tanto no están sujetos a procesos eleccionarios. La Rama Judicial, como la tercera de las ramas de gobierno, debe estar igual o más sujeta que las otras a una amplia crítica y ante la situación que enfrentamos, esa crítica debe fortalecerse. Es vital que la ciudadanía siga de cerca las determinaciones y el funcionamiento del sistema judicial. Más aún cuando los jueces no son electos. Éstos determinan la forma en que en nuestra sociedad se interpretan las leyes, se resuelven los casos que nos afectan a todos y se interpreta la Constitución.

    Pero suele amenazarse a los abogados y abogadas que cuestionamos las actuaciones de los jueces con que de hacerlo, habremos violentado los Cánones de Ética Profesional. Ya en otros espacios he expresado que ese no puede ser un subterfugio para acallar la crítica. Si alguien -en un sistema democrático de derecho- debe y tiene la responsabilidad de exponer a la ciudadanía miradas críticas sobre lo que acontece en esa Rama son precisamente los juristas pues sirven de traductores jurídicos para el resto del país. En estos tiempos, esa crítica es aún más acuciante.

    Corresponde a los abogados y abogadas presentar libre y públicamente las posibles preguntas y cuestionamientos en torno a los debates jurídicos y las actuaciones del Supremo. Esto debe hacerse en toda su complejidad y sin condición. Bajo el palio de los Cánones de Ética profesional, no debe coartarse la posibilidad de cuestionamiento por parte de la ciudadanía y con ello la posibilidad de una democracia saludable y robusta, capaz de cuestionar y modificar sus instituciones. La balanza, sobre todo en estos tiempos, debe inclinarse hacia el valor de la libertad de crítica amplia y no al revés.

    De la misma manera, aquellos que nos dedicamos a la enseñanza del Derecho y que analizamos las decisiones judiciales en revistas académicas, también nos compete desarrollar y fomentar aún más el pensamiento crítico, lanzar preguntas, incomodar y provocar dudas y cuestionamientos sobre el Derecho.

    Si la Rama Judicial ha decidido desafiar la distinción Derecho y Política entonces debemos crear las condiciones para que el país conozca de cerca esta Rama, la fiscalice y le exija cuentas como una Rama política más. Toca rasgar más a fondo y con mayor complejidad las paredes del Supremo. Hay que seguir pensando en nuevas formas de hacerlo.

    Bibliografía
    Pierre Bourdieu, La fuerza del Derecho: elementos para una sociología del campo jurídico 153-220 (Carlos Morales de Setién Ravina trad., Uniandes 2000) (1987).
    Duncan Kennedy, “El comportamiento estratégico en la interpretación jurídica”, en Izquierda y Derecho: ensayos de teoría jurídica crítica; Siglo XXI, 2010).

    http://www.80grados.net/2010/11/rasgar-las-paredes-del-poder-judicial/

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